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El Cristo de la Habana: uno de los imperdibles de esta ciudad

Llegas a la Habana Vieja. No tienes necesidad de preguntar mucho a dónde ir: el Casco Histórico es el mayor imperdible de la Ciudad. Dentro de esta aglomeración de sitios encantadores se encuentra la Bahía, con su sistema de Fortificaciones que la custodiaban en tiempos de la Colonia española, su romántico malecón y tantas plazas, parque y lugares que recorrer…

Cuando te adentras en la Ciudad Vieja, y chocas con esta rada, no cabe de otra que golpear con tu vista la excelente escultura de El Cristo de la Habana. Te garantizo que de entre los Imperdibles de la capital cubana, no se escapa.

Sin dudas, el Cristo de la Habana es uno de los imperdibles de esta ciudad. Uno de esos lugares, que si no le visitas te quedas con las ganas latentes por el resto del tiempo que demores en volver.

Al otro lado de la Bahía, frente a nosotros, con su mano derecha recordando una bendición lejana y con la izquierda cuestionando nuestros corazones, el Cristo se hace cómplice de cada viajero que le mira.

Esta es una de esas obras majestuosas que nos sobrecogen, no solo en persona, sino en grupos. Cuando le contemplamos, una quietud, alcanza a todos en forma de complicidad inherente. Esta mole de piedra –blanca como el alma de los viajeros–, lanza destellos oníricos de incertidumbre y dialoga con nuestra psiquis al punto de cuestionar nuestros anhelos.

La bahía de la Habana fue descubierta por Sebatián de Ocampo en el mismo año en que el gran maestro Miguel Ángel, entrara a trabajar en la Capilla Sixtina. En aquel entonces, el puerto de Carenas era una tierra inhóspita y agreste, quien podría imaginarse siquiera que, cuatro siglos después, hospedara a un lado de su canal de entrada, una mole de piedra tan legítima e italiana como el maestro Della Pietà.

Hoy, entre tanta barriada, y largos años de vicisitudes, se levanta la escultura de los viajeros.

El Cristo de la Habana

Vayamos a los pormenores de esta escultura que se levanta sobre la Bahía de la Habana y que representa uno de los imperdibles de esta ciudad.

Cómo surge

Cuando hablamos de la idea inicial que le dio vida al Cristo de la Habana, debemos llegarnos a una figura pública bien conocida: la Primera Dama. Debemos aclarar que esta mujer, Martha Fernández Miranda de Batista, gozaba de excelente reputación –incluso entre sus enemigos– de ser ayudadora de causas sociales. A su gestión se deben muchas obras arquitectónicas y de asistencia social humanitaria, como varios hospitales para niños y marginados, en la Habana y Bayamo, y muchos comedores para pobres.

Al final, todo radica en la creencia; esa convicción que nos lleva a hacer las mejores acciones de nuestras vidas… Sea como sea, esta pieza colosal nace, indiscutiblemente, de la fe de esta señora.

El caso es que tras los numerosos y prolongados conflictos militares en los que se encontraba el país en la década de los ´50, la vida del Presidente en ese momento, Fulgencio Batista, pendía de un hilo.

Su esposa, fiel católica, y devota de la representación del Sagrado Corazón lleva a cabo la promesa de que si Dios le salvaba a su marido, ella le dedicaría una escultura gigante como símbolo de gratitud. Supongo que por lo sucedido en el ataque al Palacio Presidencial, el 13 de marzo de 1957, como todos sabemos por las clases que nos dan en Historia de Cuba, haya quedado eternamente agradecida.

Para ello, convoca un concurso en el que participan los más prestigiosos escultores de Cuba. Esta misma señora temerosa se empeña en encabezar y recoger una colecta que pronunció comenzando por sus propios fondos, que terminó por reunir 200 000 pesos cubanos. Hoy, en el 2021, si hacemos unos cálculos a la ligera, significarían, tranquilamente, 20 millones.

Su Artífice

¿Quién gana el certamen? Pues nadie puede contra el boceto de una carismática mujer.

Jilma Madera gana el concurso y marcha a Carrara, donde vive por casi 2 años, para los trabajos técnicos y artísticos. Luego de un año final de intenso trabajo, El Cristo de la Habana estaba concluido. El barco que condujera las piezas debidamente organizadas zarpa desde Puerto de Marina, en Carrara, a mediados de 1958.

La alegría en casa del pobre,siempre dura poco…

La creadora del Cristo de la Habana

Antes de hablar sobre los datos que tiene esta escultura, prefiero comentarte algunas cosistas de su magnífica creadora.

Jilma Madera, nacida en Pinar del Río y fallecida en Luyanó, La Habana, fue una de esas mujeres excepcionales, con la valentía de crear por sobre todas las cosas. Como cada obra lleva la firma de su autor, en el Cristo de la Habana observamos rasgos de su figura desenfadada y sobria a la vez. Sin tapujos llegó a concebir una escultura de tal magnitud doblegando a la blanca piedra con su voluntad indecible. Ya en las canteras, se cuenta que Jilma trabajaba con tal empeño que mantuvo a su merced tanto a los Icebergs de Mármol, como a los varios trabajadores que estuvieron con ella en Carrara.

Contra todos los posibles detractores, se atrevió a mantener su propio discurso de lo que para ella representa su ideal de belleza masculina y el porte que requería. Quiso inferirle a esta pieza la majestuosidad de Jesús-Dios con los rasgos de Jesús-hombre, en su pleno concepto viril. Se dice que no aceptó usar modelo oficial para el boceto; sino que se inspiró en el propio amor de su vida. Asimismo, supo mantener la identidad cubana al desarrollar detalles característicos que lo enunciaran. Tal es el caso de la pronunciada forma de sus labios…, y otros detalles que te relato en Las Curiosidades del Cristo de la Habana: una escultura soberbia.

Por mi parte, enamorado de su fulgor, le bautizaría como Jilma Buonarotti.

Una Escultura Soberbia

Luego de su paseo por los tres mares, El Cristo de la Habana se instaló durante el mes de septiembre de ese año. Las piezas se unieron por una armazón de cabillas unidas a una viga de acero central hasta su cabeza. Luego de ajustarlas se rellenó con el mortero de concreto, dando los acabados pertinentes.

Se ubica en la cima de la colina de Casablanca, al sur de la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña. Este monte se eleva a unos 51 metros sobre el nivel del mar, casi en la mismísima entrada de la Bahía. Desde allí las vistas panorámicas de la ciudad son inigualables. Y viceversa, la Estatua de El Cristo de la Habana se distingue desde muchos puntos de la Ciudad.

Para su confección se necesitaron 600 toneladas de mármol blanco de Carrara, calidad de piedra similar a la empleada en numerosos monumentos del Cementerio de Colón, del cual te hablaré pronto. Su peso final se calcula en 320 toneladas. de esta hermosa piedra.

Consta de 67 piezas, organizadas en 12 estratos horizontales; instaladas sobre una base de 3 metros en la que su creadora incrustó diferentes objetos de la vida cotidiana de su tiempo, como monedas y periódicos. No te cuento más sobre datos curiosos; si quieres, léelos aquí.

Al fin, queda inaugurada el 25 de diciembre de 1958.

Free Tours Cristo de la Habana
Así quedó el Cristo de la Habana en su inauguración linda…

Lo que no se imaginó la precursora fue que solo disfrutara la paz por una semana; pues el esposo presidente era derrotado por sus enemigos 6 días después de la Inauguración. Lo que no tengo claro si su ruego contemplaba una hermosa vida en Marbella, Málaga, una de las tierras más hermosas de Europa. Pero, lo importante a tener en cuenta de aquella fe es que su cónyuge no murió hasta casi dos décadas después. Supongo que esto valga.

Enérgico y apacible a la vez, el Cristo de la Habana quedaba en pie con su color casi blanco de una de las piedras más estupendas del Planeta.

Pero no siempre estuvo así

Recuerdan cuando les dije que la alegría en casa del pobre… El Cristo de la Habana nacía entres dos aguas. La primera era su fecha de nacimiento. La segunda, no le acoplaron pararrayos; a pesar de estar en la elevación más alta de esta región del norte.

No sé tú, pero yo me lo esperaba. ¡¿Que no?! Ni tan solo aguardó mucho. Corría el año 1961 cuando ya un rayo le alcanzó en mitad de la parte trasera de la cabeza. Jilma se apresuró a repararlo con un bloque de repuesto que había traído. Para ello tardó 5 meses de trabajo ininterrumpido.

Pero no demoró mucho, al año siguiente, le alcanzaba otro golpe en plena tormenta.

Por tercera vez, en 1986, ya olvidada en medio de una maleza exuberante, le estremecía otra descarga.

Sin embargo, esta no era su peor suerte. No. Se debe a la época en que le tocó nacer. El Cristo de la Habana sufrió, como muchos, la más humillante desgracia que se pueda enfrentar: la Indiferencia.

Como el nuevo gobierno era materialista… No solo olvidó la escultura sugerente, sino que la confinó a un encierro dentro de los límites de una base militar, y, por si fuera poco, a terminar en la madriguera de un bosque exprofeso.

Mantenimiento y restauración

Desde los comienzos de los ´60 nos dimos cuenta de que se necesitaba un pararrayos. Prestos por la importancia y urgencia de la empresa, logramos conseguir el trozo de cablecito casi 30 años después. A modo de El Castillo, de Kafka, el Pararrayos le fue instalado en 1986.

No hay mal que dure cien años, ¿no? Ahora mismo recuerdo que el Imperio Romano duró 300; y…

El caso fue, que la estraviada-no-perdida escultura vería la luz algún día. ¿Gracias a quien? Gracias a la necesidad de recaudar dinero y el Turismo, ese gran movilizador de empresas puramente económicas.

El Cristo de la Habana estaba roído y abandonado a merced de las condiciones atmosféricas de una isla tropical. Su amiga cotidiana Doña Contaminación le regaló, durante sus primeros 44 años las incrustaciones del salitre, manchas rojizas, pérdida del mortero de las juntas. Como era de esperarse, las piezas más dañadas se encontraban en la cara, el codo y los pliegues de la ropa. Y menos mal que no se les ocurrió tomarlo para materia prima. No me mires así, fácil que pudo haber sido. Créeme.

Pero, como de todo lo malo se sale –¡Dios mío, eso espero!–, para su cumple de 2013 recibió una restauración decente. Dicen que para ello se organizó una Comisión a la onda de La Muerte de un burócrata que no podría decirte la cantidad de personas que necesitó el pobrecito Cristo de la Habana. Yo no sé nada, eso es lo que se comenta por la calle…

El caso es que, Gracias a Dios, desde esa fecha se le puede ver reluciente y hermoso, blanco como los sueños de los viajeros, saludando a cuantos caminamos por la Bahía de la Habana. Lo mejor de esa escultura es la expresión de su rostro. Nos mira con un aire equilibrado de temeridad y calma a la vez que me recuerda a mi abuelo, cabalgando en sus principios regios. Por eso era el hombre más respetado de todo el barrio.

Quiero definirte esa mirada en palabras de la propia creadora:

Seguí mis principios y traté de lograr una estatua llena de vigor y firmeza humana. Al rostro le imprimí serenidad y entereza (…); no lo vi como un angelito entre nubes, sino con los pies firmes en la tierra.

Despedida Turística

Visitar el Cristo de la Habana es uno de los imperdibles de tu viaje a esta ciudad. Te garantizo que la pasarás super. Es un paseo sencillo que puedes realizar en una hora y que, de veras, tendrás las mejores vistas de la Habana. Aprovecha para subir en Familia.

Algunos consejos

La mejor hora es, o bien temprano en la mañana o en la tarde, pues, a pesar de tener árboles frondosos, es tan fuerte el sol que no disfrutarás bien de las vistas de la ciudad.

Te aconsejo que le visites con tus niños, pues la pasarán fenomenal.

La Lanchita de Casablanca solo trabaja de día, por lo que si te alcanza la noche en el Cristo, no pierdas el tiempo de bajar en busca del puerto. Toma los ómnibus que pasan por el Cristo. Siempre pregunta si van hacia la ciudad, para que no te lances a otro sitio indeseado.

Ya que estás aquí, si se hace de noche, ¡apúrate! El Cañonazo es a las 9. Puedes ir caminando a la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña. Está al cantío de un gallo (incluso si llevas niños, lo pueden caminar fácil).

Si nunca has llevado a tu chica al Cristo. Te la has perdido en grande. Repara el error ahora mismo y llévala. Será tremenda pasada. Recuerda lo que te dije de ir por la tarde y convoyarlo con el Cañonazo. Ella no olvidará jamás esa escapada.

Para llegar al Cristo tienes varias opciones. Te comento las que se me ocurren. La primera sugerencia es la Lanchita de Casablanca. Porque es un paseo alegre y emblemático de esta ciudad. Como segunda opción, en dependencia de donde te encuentres lo mejor es llegar a la avenida del puerto y tomar las guaguas que suben al Cristo. o Puedes alquilar un taxi…

Incluso tienes Tours en Civitatis, GuruWalk y GetYourGuide que te ofrecen un paseo en Coche antiguo por la ciudad incluyendo la subida al Cristo. ¡No te lo pierdas!

Me despido desde las sombras agradables de los árboles que adornan este parque.

Hasta el próximo pic-nic.

Tío Lucio el viajero.

¿Quieres leer más curiosidades super lindas y hasta misteriosas del Cristo de la Habana? Pincha en este Post: Las 17 Curiosidades del Cristo de la Habana: una escultura soberbia.

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