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Blog de Viajes Lucioviajero

Años dispares

De vez en cuando nos sucede que tenemos una racha de años similares, casi idénticos, 4, 5, 10 años sin que cambie un solo suspiro. Años en los que no pasa nada distinto, novedoso, brutal (ni para un lado, ni para el otro).

Pero existen otras primaveras que, por sus características son bien distintas a las demás. Les podemos colocar apodos, señalar en el mapa cronológico de nuestras vidas, hablar sobre ellas como únicas en nuestra historia…

Y de esto quiero escribirles algo, mis [email protected] No es una de esas reflexiones… No. He querido traerles hoy un Free Tour al interior de mi alma viajera. Y todo, como sospechan, sobre la fecha en que nos encontramos; lo que hemos vivido por estos días.

Año 2020

Por supuesto que salta a la vista que este año ha sido uno de esos bien distinto de los demás. Yo diría único. Una cuarentena catastrófica, unos temores circundantes (más infundados que reales), una sublevación de lo cotidiano, ausencia casi total de viajes y rutas, aumento de la frialdad humana, otro poco de hambre…

Sin embargo, a pesar de sus cualidades fatalistas, ha pasado sin mucho daño. Esto lo digo de forma estadística, numérica. Por supuesto que duele la pérdida de algunos seres queridos, de amigos, de vecinos. Pero, si dejamos de lado el miedo impuesto. Si calculamos fríamente los números, el porcentaje de muertes comparado con otras tantas pandemias… Vemos que la Covid-19 no es tan mala como la pintan.

Por favor, que nadie se sienta ofendido con mis pensamientos. Lo que quiero decir sobre esta pandemia es que, si miramos en la historia…

Veamos un humilde ejemplo comparativo. ¿A cuántos a matado el Coronavirus en todo el planeta? Recordemos cuántos murieron por la Influenza Española por aquellos días, SOLO en una región determinada. No digo más sobre daños.

La verdad que desde lejos las cosas pintan mejor. Pero, cuando analizo, no me preocupó tanto el 2020, como me preocupa ahora el 2021. Porque aquel fue el año de la pandemia. Sip. Pero y a este, ¿cómo le llamaremos? Porque todos tratamos de levantarnos, de continuar con las nuevas ideas, limitaciones, intentos de supervivencia… Sin embargo, no se logra revertir el prolongado descanso. No se tiene la certeza, ni imaginaria siquiera, de cómo continuaremos este año postcovid, de puertas que se cierran, abren, y vuelven a cerrar días más tarde.

OJO. Que no me refiero solo a la Corona del Virus.

Año 2021

En mi caso, este 2021 es ese año distinto. Al que las premoniciones –en el buen sentido de la palabra– le auguran los más importantes recuerdos de nuestra época. Quizás el 2020 se lleve un record por lo suyo, pero es este de hoy quien verdaderamente romperá el record Guinness de las edades. Al menos, se llevará la medalla de ser el año más diferente de todos. Yo lo pienso así, me lo quiero imaginar de esa forma. Luego, cerca de la noche vieja, volveremos a conversar sobre ello.

Podrá ser un año mucho mejor o peor, que el 2020, pero jamás, ni remotamente, similar a ningún otro en emociones.

Yo tengo sueños para este año. Anhelos que no solo poseo con el interés de ser feliz, disfrutar o darme otro nuevo gustazo. Son sueños que necesito; sueños en la distancia de una vida que se marcha, como todas, a cada instante. Me refiero a esta vida terrena.

Todo depende de Dios, el Todopoderoso. Él es quien dispone. Por mi parte, intentaré avanzar a través de esta nebulosa cristalina, de colores vivos que se asemeja a una vida normal, pero que no lo es. Si fuese gris ya sospecháramos de ella, en sus inicios. Pero su pintoresco machacar de especias disimula cuanto de ordinaria posee en los interiores de la cazuela que las brujas de Macbeth preparan con tanta sorna. De nada sirve atacar un enemigo si no le conoces, si no le tienes, al menos, declarado como tal.

Yo lo he hecho

Le he descubierto. He podido ver sobre los colores centelleantes de su camuflaje el alma gris de un nuevo recomienzo mentiroso, que no es más que la misma esencia de la ingravidez habanera, cubana, caribeña…

Para este 2021 quiero –sueño– comenzar mi viaje (retrasado) por el mundo. En el cambio de siglo tenía la idea, no me preguntes por qué, de hacerlo en el 2008. Hace mucho que pasó esa fecha y continúo varado en este infinito círculo dantesco.

Necesito soñar. ¡Pero hacerlo de verdad! Existen dos tipos de sueños: los que tienes toda la vida ligados a una arteria cerebral etérea, y los que surgen de imágenes superpuestas como consecuencia de experiencias consumadas. 

Los primeros, son la droga de los miserables. Ese chispear paleativo de las emociones adulteradas en la zozobra de lo cotidiano. Pero no un cotidiano cualquiera, sino el evento cíclico del fracaso.

El segundo, real y onírico, es el gozo de la plenitud de la autorealización y la suma constante de nuevas pinceladas sobre tu lienzo vanguardista.

Existe una tercera posibilidad: ser normal. Esos que viven felices, sin sueños que les fulguren en su mente. Amigos que son capaces de contentarse con lo que tienen si necesidad de buscar más allá de sus propias realidades diminutas. Les envidio. Pero, cada quien es cómo es.

Yo no soy así. Mi cerebro nunca se detiene. No deja espacio al silencio imaginativo. Aparecen de la nada, poseídas por el primer tipo de sueños, o nacen felices de las vivencias mágicas y seductoras de viajar. Y no me refiero solo a visitar grandes y lejanas ciudades, sino al cabalgar las alas de tus cavilaciones, aprovechar cada instante para viajar a la esquina de tu casa, a una mesa de dominó, al Capitolio, al teatro de títeres, a sentarte a la bahía, a visitar amigos, y, por qué no, si esta prolongada y supra presencial cuarentena lo permite, a visitar ciudades grandes y lejanas.

Despedida a lo Travel Blog

Por mi parte, me asemejo al viejo Santiago. No quiero decir, no me resigno a aceptar, que “estoy salao“; pero he pasado taaantos días sin pescar.

Aun así me mantengo con el sedal listo, yo listo, mi mochila lista, para cuando aparezca el gran pez. Mientras engullo la bilis en este post en el que te hago cómplice de mis anhelos y futuras alegrías (aunque ahora las vea a través de un cuadro de Turner).

Na shledanou!

Tío Lucio el viajero.

Ps: No existen bichos más fuertes que los Travel Bloggers. Continúo a la espera. Seremos felices donde quiera que vayamos. De eso tengo fe. De lo que no la tengo, es de encontrar la felicidad quieto, tan quieto como el ángel de Naborí en aquel féretro. Por cierto, cuando pienso que mi pequeña tiene ahora la misma edad, tiemblo.

Viaje a Las Villas dentro del Covid

A veces, por suerte, las menos, uno emprende viajes por el dolor que provocan las ausencias de tus seres queridos. Este fue uno de ellos. Pero ya te escribí sobre eso en otro post, por lo que no tengo deseos, ni fuerzas para hablar más sobre el tema.

Primera barrera

¿Cómo salir de una ciudad que cerró sus puertas por la pandemia? Por la cantidad de casos en La Habana, determinaron aislarnos para proteger a las demás provincias. Sin transporte interno ni externo; pues también detuvieron todo el sistema de transportación dentro de la capital.

¿Cómo salgo de aquí? ¿Dónde estará ese punto de control que dicen? Si pudiese llegar a él me las arreglaría al dedo con cualquier carro más allá de la frontera. Solo tenía que hacerme un Test rápido para descartar que tenía el virus y poder salir de ciudad.

Any, mi prima, me dijo que existen guaguas organizadas por los hospitales y funerarias. Eran las 3 de la tarde. Fui al “Poder Popular” en busca de un posible aval que me permitiera encontrar ese vehículo que salía para las provincias del interior. La señora ya se marchaba porque había tenido una reunión muy larga y se sentía extenuada. Ven a verme mañana tal vez se pueda hacer algo con Calzada y k. Esta es la Funeraria principal, es un hermoso edificio que me recordó a Machado y que se encuentra en esa misma dirección, en El Vedado.

A la mañana siguiente me levanté bien temprano y me aposté a la entrada de esa asamblea, en espera de la muchacha. Al no aparecer corrí al Policlínico donde me hice el análisis para adelantar pasos. Quién sabe si aparece un carro y no me puedo ir por hacer de tonto.

Ya nos había sentenciado la guardia de la puerta del “Poder Popular“ que el día estaba complicado, era 13 de agosto, tenían el matutino, luego un matutino especial y luego una video-conferencia. Yo rebuscaba en mis archivos qué se conmemoraba ese día sin encontrar nada. Culpé a mis maestras de historia de otros tiempos por no enseñarme bien. Uhm, alzamiento de… No. Al machete… Nop. Cristobal Colón… Noooo. Cuando una muchacha que esperaba por lo mismo me hizo caer en que era el cumple no-años de Fidel.

Vaya, arrancamos con el pie izquierdo. La tía apareció como a las 10 de la mañana. Para no cansarte, me reconoció al momento y, con cierta conmiseración, me hizo una carta que presentar en la funeraria de Calzada y K, para ver si podían subirme a una de las guaguas que salían el sábado.

Con mi eterna mochila a cuestas caminé por más de 3 horas hasta ese lugar. Me dijeron que sí, y regresé casi a las 5 de la tarde. Al menos podría ir a ver a Tía Lily, y los demás.

Me amenazaron con la realización de otro examen pues el mío se vencía el sábado en la tarde. Hice mis cálculos y me rehusé a otro pinchazo. Para cuando se me vencieran las 48 horas ya tendría los pies en tierra. Al final, me tuve que hacer el examen muchas veces. Pues de regreso las cosas se complicaron y necesitaba tenerlo activo para cuando apareciera un vehículo.

Sábado

Son las cuatro de la madrugada. Hace una hora que me levanté. Camino unas 5 cuadras y, en el semáforo de la avenida 51, un taxi. Lo pienso por unas milésimas de segundo, y le disparo con todo para que no tenga oportunidad de negarse: Buenos días, voy para las Villas, por la muerte de mi tío y la guagua sale de Calzada y K, por favor, ¿puede llevarme? –No puedo llevar a nadie. Además, estoy de servicio; tengo que recoger a unos enfermos y llevarlos para el Hospital.

No me resignaba a perder una botella como esa. –Para el que camina cualquier tramo le sirve… –Es que no puedo recoger a nadie. –Bien, gracias. Dije en tono lastimero.

Comencé a caminar nuevamente. Al instante me llamó: Sube. Vamos, sube. –¡Ah! Mil gracias.

En Marianao anduvimos por calles remotas hasta llegar a casa de uno de los pacientes. Luego circulamos por enmarañados recovecos de Miramar en busca del segundo convaleciente. Saltamos el túnel de 5 avenida y continuamos por el Malecón. No podía creerlo.

–Por favor, déjeme por donde mejor me sirva para la Funeraria. Ja. Estaba a una cuadra. Esto me hace recordar el final del post de Aniko sobre el reto de viajar por Islandia a dedo; en el último trayecto hacia el aeropuerto de Reykjavík.

Al fin en el camino

La salida de los ómnibus estaba programada para las 8:30, por eso había que estar en la funeraria a las 7. Llegaron unas guaguas a las 9. A esa hora comenzaron a llamar a los viajeros para rectificar por ciudades de destino. Comenzábamos a lo cubano: bien mal.

No quiero cansarte con esto. Me llamaron de último a rectificar y de último a subir al bus. Salimos de acá sobre las 11 de la mañana. La ciudad está muerta. Las calles vacías de vehículos parecían una filmación de esas películas con un argumento post apocalíptico.

Detalle kafkiano

En Cuba el Corona Virus disminuirá la comida o aumentará las multas, pero nunca terminará con la corrupción en la venta de pasajes a todos los niveles. Yo hice un escaneo mental, según gestos, intrigas, detalles kafkianos, conversaciones, movimientos presupuestarios y, solo dos personas y yo viajábamos por novedad familiar. Los demás eran arreglados a trocha y mocha. Cuando se trata de viajar no importa la muerte de un burócrata –supongo.

Te cuento que en la guagua que nos llevó hacia Terminal Piscina, un joven uniformado llama por su móvil. Escucha lo que se oía de este lado. «Mi herma, me dio pena hablarte allí porque… Es que tengo un amigo en la unidad que está en la misma situación. ¿Puedo darle tu número para que te llame y cuadre lo mismo que cuadraste conmigo? ¿Si?  (…) Thank you, men…».

El oficial volvió a usar su teléfono. Esta vez imagina su conversación. Yo no pude prestarle oídos, pues estallaba en una alegría interna que disipaba mis penas de ver a una isla hundirse en un mar y no El Caribe.

Terminal Piscina

Llegamos a un lugar en medio de esos repartos a los que les has pasado de lado pero que jamás llegas a pisar. Un territorio desconocido en medio de la ciudad que se le apabulla con los edificios desplomándose a su alrededor días alternos.

A la Terminal improvisada debo llamarle así: Terminal Piscina. Parece ser un centro educativo o deportivo, porque tiene una piscina en su parte trasera y tristes murales en sus paredes. Acá todo es loco. No hay donde poner los equipajes, no tenemos normas de higiene, sin mencionar que no hay sanitarios, estamos amontonados, y, lo mejor: la mala energía. Esa estúpida forma de tratar a los demás con desprecio, cinismo y el perenne y hereditario empleo de órdenes militares lacónicas…

Magia matemática

Eso sí. No puedo negar que me sorprendió con la mejor ecuación cuadrática perfecta con números irreales basados en un dominio inexistente donde su imagen tendió al infinito para aterrizar en un valor “0” absoluto.

Una vez más fui el último en ser llamado. Me di cuenta que solo yo viajaba para un destino anterior a Camagüey. Cuando subí al autobús me senté en el único asiento disponible. Esto si fue asombroso. Se cumplió la matemática del azar más exacta que jamás hubiese imaginado. Ni más ni menos. ¡Whoa! Debo admitirlo. Esto fue superior a mis conocimientos elementales de la matemática cotidiana.

Convivencia tras la magia

Obligado, me senté en la cocina de la guagua. A la izquierda, dos muchachas pareja que luego terminamos compartiendo el viaje. A mi derecha, un hombre que parecía militar, aunque no llevaba uniforme; pues su necesidad de compasión, la ira reprimida y su trastorno de autoestima, le delataban.

–Por favor, me dejas sentar. Ocupa tu asiento, no el mío, si puedes… Fue mi saludo. Comenzamos un cómico e infantil forcejeo de codos para acomodar lo que poseíamos en el cerebro… Saqué esta máquina de escribir, y, luego de darse cuenta que no recibiría conmiseración de mi parte, se acomodó.

Otra comicidad: el super machote con espalda de un metro de ancho iba viendo una novelita llorona. ¡Así que macho-man!

Las chicas de mi izquierda conversaban sobre cuestiones hogareñas cuando a una de ellas se le escapa una carcajadas a medias. Uno de esos golpes de ritmo que activan tu cerebro como que no es lo normal, lo que debiera esperarse en el siguiente paso. La observo para darme cuenta que espiaba lo que escribía. Lo del macho-man viendo melodramas en su celular le hizo reír.

–¿Hey? Le interrogué con una mezcla de alegría y juego. –Estaba leyendo lo que escribías, respondió sin tapujos.

No me quedó de otra que descansar por un rato y entablar conversación con las vecinas que terminaron siendo, como es de esperarse, de las viajeras que compraron el boleto. Su única “novedad”, gracias a Dios, era el recién nacimiento de un sobrino al norte de Holguín; tierra natal de la más cercana a mí. Iban felices porque le llevaban casi toda la canastilla. –Mi hermana no vive en buenas condiciones, tu sabes, nosotras pudimos conseguir de todo, desde la bañera hasta el algodón…

Por mi parte, no pude resistirme al orgullo: soy viajero y escribo cuanto puedo. Así me presenté.

La Autopista A1 estaba desierta; podías leer a Cervantes, escuchar una ópera y contar los carros que te cruzaban. Cuando le pasamos de lado al Servicentro “El conejito” se me apretaron las tripas hasta recordar que ni siquiera ayer había cenado. Claro, los chóferes tenían una carta bajo la manga. Aquí te dejo algunas fotos del Ranchón donde almorzamos.

Eso sí. Fue el almuerzo más caro de todos mis viajes: 60 pesos un plato escaso y mal servido. De postre, un flan que parecía origami modular; pero que estaba sabroso, a pesar de faltarle el huevo, la leche y el azúcar. Ahí lo tienes. Otra de las magias de la matemática personalizada.

Luego, en el Conejito de Aguada de Pasajeros nos detuvimos para ir al baño. Yo aprovecho para adelantar este post simultáneo a Unos de esos viajes emprendidos por el dolor de la ausencia, es el primero de este viaje, del que te escribiré 3 .

Mi parada es un semáforo apagado en el medio de la nada (km. 304: entronque Placetas-Fomento). Puede que sea un poco feo, pero es la tierra más hermosa… Al norte las mejores playas, la alegría exuberante de los fuegos artificiales de las Parrandas se contraponen con el silencio de las montañas del sur El Escambray y, otra vez, un mar de ensueños, donde encuentras barcos hundidos y leyendas de corsarios y piratas en medio de las personas más afables de toda Cuba: mi gente de Las Villas.

En el entronque de Fomento le saqué la mano al primer vehículo que pasó por allí y me recogió. Llegué a casa de mi hermano antes de las 5 de la tarde. Tal vez ya te lo he dicho, pero sentía una sensación de alegría por llegar, mezclada con el dolor de la muerte de tío Jorge.

Un abrazo, Tío Lucio el viajero.

Te dejo algunos enlaces útiles para tus viajes.

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Grupo artistico koolage 2021

Padre muerto de hambre

Blog de Lucio Viajero
Lucía y yo de viaje por la Habana.

Hoy he aprovechado la cuarentena para traerte un poema que escribí hace un rato pero que define algunos de los sentimientos y emociones que me defienden ante tanta pobreza auto-impuesta.

Y, ¿sabes? Pienso que hay varios tipos de pobreza. A una de ellas le llamo Pobreza Auto-impuesta. Es aquella que uno mismo se infiere en busca de un objetivo supra importante; y, aunque tiene un propósito especial, aun así es difícil de cargar.

En mi caso, tras un divorcio, a diferencia de la mayoría de los padres que he conocido (including mine) he preferido estar los más cerca posible de mi bebe. Al menos, en los primeros años de su vida, los que considero más importante en la formación de la personalidad de un ser humano.

Una vez comenté en mi fb el agradecimiento que sentía por Samuel Carlos. Fue el único (único es único), capaz de alentarme: estás haciendo lo correcto, Lucio. Y me contó una historia de amor a lo Shakespeare, que caló mi vida para siempre.

No te la contaré en esta ocasión, pero en ella el héroe, después de pasar por el valle de sombre de muerte… Terminó con la decisión de su hija a vivir con él.

Tal vez, Dios no me regale el mismo sueño. Pero lo que he logrado con esta pobreza impuesta vale muuuuchísimo. más que cualquier otro bienestar. Ya sabes. En este punto la guía de viajes que te ofrezco lleva un solo derrotero: compañía paterno-filial. Puede que sea una mochila un tanto difícil de cargar, por un terreno inseguro y con algunas piedras. pero el camping con tus [email protected] compensará todos los esfuerzos; por dolorosos y humillantes que se muestren.

Tuve mis momentos de inseguridad, falta de fe, pérdida del horizonte. Pero por mucho que nos parezca demorar la salvación de lo alto, siempre llega. Está escrito que algunos hospedaron ángeles, esa vez, el ángel que Dios me mandó, cuando ya estaba a punto de no sé qué…, fue Samuel Carlos.

Entre la vida y la muerte (la muerte de verdad), hay un hilo bien delgado de seda eléctrica, neuronal que tensa cada espacio de nuestras mentes en busca del equilibrio. La consonancia de los hechos con las palabras es el libro donde leemos los resultados de nuestras luchas internas.

Mensajes contrarios de: fracasado, tonto, imbécil, muerto de hambre, lo lamentarás cuando tu hija te pida algo que no puedas darle, qué harás para sus quince, no te da pena con tu cerebro…, abundaron todo el tiempo. Bueno, permanecen todo el tiempo. Incluso, de parte de los que dicen quererte más.

Muchas gracias a quienes me alagaron con estos comentarios. Este poema surgió gracias a ustedes, por lo que se los dedico en esta noche de completa miseria.

Ley de la negación de la negación

Ahora que soy

padre muerto de hambre

por darle tiempo y algunos chocolates a mi hija

comprendo entonces la cobardía de aquel ausente

trabajador vanguardia

secretario general de un partido comunista

que vivía en apartamento decente

limpio

organizado por proyectos

       socialmente meticulosos

donde solo faltaba

este hijo

que se atreve a dejar de lado

casa dinero partido proyectos

para ser

de manera irresoluta

padre muerto de hambre.

¡Nos vemos por las calles de la vida!

Tío Lucio el viajero.

Viaje de familia

Unos de esos viajes emprendidos por el dolor de la ausencia

¿Por qué?

Entristecerse es fácil. Muchas son las emociones que pueden hacerte desfallecer. Una de ellas es la muerte de un ser querido.

Hacía casi un año que no viajaba a Las Villas, mi tierra natal. Lo hice en julio de 2020; en plena cuarentena de la Covid-19. ¿Motivo? La muerte de Tío Jorge, mi tío favorito.

Es cierto, al menos yo lo creo así, que no se va a la funeraria por los muertos, sino por los vivos. Al final, ¿qué es un cadáver? ¿De qué puede servir acompañar lo inacompañable?

Tal vez me contradiga. No por la muerte en sí, que no es gran cosa, sino por la despedida (o la no-despedida, la mayoría de las veces), el vacío, la ausencia que das por sentada, aunque hayan conversado 15 segundos antes.

Yo prefiero pensar que vamos por los vivos. Aunque tenía un amigo al que siempre le dije que no iba a los funerales por los que están, pues nada me importaban… Era una mala apreciación de mis propias emociones. Acaso un impulso de protesta, pero que, a la larga, tuve que aceptar por erróneo y actuar en contrapartida.

Incluso –no me tilden de loco–. puede que vayamos por los vivos, sin serlo y por los muertos sin estarlo. Parecerá un trabalenguas. Pero en algunos casos vamos por los unos, otras, por amor a uno mismo. Algo es cierto, puedes ver, muchas veces, a quien perdiste, reflejado en los que tienes contigo.

Dicen que el amor te hace ver a la persona en otras. Cuando vas al entierro de alguien a quien amas (supongo que haya que decir: amaste), lo puedes ver en la imagen de quienes estuvieron a su alrededor, y hasta en tu propia figura. Es el reflejo de los gestos monocromáticos, la traza, el rastro que va dejando y lo percibes en cada detalle.

Por dos razones viajé a las Villas esta vez: acompañar a tía Lily, quien era mi tía desde que tengo recuerdos (se habían casado cuando ella tenía 13 años). Toda la vida; y ayudar a alguien a quien no pude.

Luego se le sumaron otras, como acariciar a mi mamá, quien perdió a su hermano, y caminar, caminar por las calles de Fomento y sentirlo más escaso que nunca, diminuto, insuficiente.

Tía Lily

Como te había dicho, tía lily tenía 13 años cuando mi tío se la raptó, literalmente, de casa de los abuelos Barceló y Fela. Quienes tuvieron que terminar por aceptarlo y, como costumbre de la cultura cubana, imponerles casamiento.

Nadie puede compensar una pérdida. No existen alicientes ni medicamentos contra eso. Lo más que podemos hacer es acompañar. Creo que ese es el gran principio de Dios: acompañar. Por eso viajé esta vez, por amor, por respeto y aceptación al dolor.

Debo confesar que antes de pensar en mí mismo, cuando supe de su muerte como a las 3 de la madrugada, pensé primero en ella. «Dios mío, cómo estará tía Lily». Tío era toda su vida. Tenían dos hijos, sí, pero ambos casados y fuera de casa. ¿Cómo recomenzar algo así?

Y es que ellos no eran un matrimonio cualquiera. Eran los mejores de la Familia Gutiérrez. No me cabe duda. Lo viví. Eran inseparables. Nunca se dispusieron una separación momentánea como se ven en muchos otros matrimonios y que, a la larga, pueden reconciliarse; pues parece ser una práctica saludable (aunque yo no acabe de entenderla).

Tía siempre ha sido un encanto. Es de esas mujeres virtuosas a la que no se le puede reprochar en absoluto. Tal vez por eso era mi favorita. Es tan dada al cariño; tan fácil de amar.

Podría decirse, a primera vista, que en tío había encontrado un hueso duro de roer: mujeriego empedernido, liberal, debiera decir libertino… Sin embargo, fue el quien había tropezado con un trozo de marfil. Tía lo cercenó con su amor estoico. Un capítulo releído de la Bella y la Bestia, donde el animal había sido domado una vez más. El verdadero empuje del amor. Yo lo viví. Te lo puedo asegurar.

Retardo

Es de esperarse, que en medio de Covid-19, con las puertas de la ciudad cerradas no llegase a tiempo para el funeral; a pesar de que lo dispusieron para un día después de lo acostumbrado, en busca de reunir a la familia más allegada. Específicamente, mi prima Any, que también vive en la Capital.

Tío Jorge murió el jueves, yo llegué el sábado en la tarde. No hallaba ni como entrarle. Sabiendo que son peores las nuevas visitas para quien intenta descansar de tantas lágrimas. Y por mí, conociendo lo sensible que soy. ¡Ya está! Ni lo preguntes. Por mucho que tragué y frené en seco, mi llanto fue a borbotones; y le hice llorar a ella otra de sus infinitas veces «Se me fue, tito, se me fue». Era lo único que decía, apretándote el cuello hasta el cansancio, en la sala de una casa que no reconoces, siendo la misma.

Costumbres

Luego llegaron las acostumbradas charlas y repeticiones de los mismos temas esperados. Las innumerables deudas de tanto que se había dejado de decir por la distancia. Los cuentos de cómo fueron los días de ayer; evitando hacer énfasis en que se hablaba de él, hablándole.

Por momentos me viene a la mente Pessoa, ese papá a quien amo. Y en este momento, en vez de decir soy, digo me soy (adiciona el atributo que gustes). Gestos y recuerdos se agolpan al unísono. Hasta puedo decir que por instante no atinaba escuchar. No es que sea despreocupado, eran demasiadas imágenes en procesamiento y solo un sistema auditivo.

Yoanky no estaba, uno de mis primos preferidos a quien no veía desde hacía mucho. La distancia es el barro de otras distancias diminutas que se agrupan en la amalgama que termina por orquestar lo cotidiano. Cada quien debe seguir un camino y el mío fue siempre el más distante. En esa lejanía terminó casado, y sin recordar siquiera, invitarme a la boda.

Viaje Villas por dolor de ausencia
El dúo dinámico…

Pero es Yoanky. Además, no soy bueno en recordar pequeñeces con todo el daño que hagan en su momento. Son muchas las alegrías por otros lados, como para perder tiempo con eso. Lo vi al otro día. Con su cuerpo similar al de tío y hasta su misma aura. Al menos, eso se me antojó apreciar.

Conocí a mi prima-cuñada. Te la presento, se llama Hanay, o algo así. Habla tanto más…, que no tuve tiempo de aprenderme su nombre completo. También conocí a la madre-prima-cuñada, una mujer de hermoso porte y pícaro semblante.

Me alegró saber que Yoanky tenía una bendición hilarante de la que asirse tras este inesperado cambio. En definitivas, para eso son los matrimonios, ¿no? Parecen un par de chicos emprendedores y dinámicos. Espero que Dios les permita desarrollarse… En Cuba no existen muchos espacios para seres así.

Un adiós más largo

Conversamos mucho durante esos días y luego desaparecí una vez más. Es mi recurrente oleaje de arribos y despedidas.

De camino a La Habana llevaba la sensación de que mal-guardé algo sin saber cómo ni dónde. Pero con la certeza de que nunca volvería a recuperarlo.

Adiós. Tío Lucio el viajero.

El paseo en balsa que me costó 3.000 pesos EXTRAS

Primera parte del paseo

Un recuerdo agridulce

Ay, amigos míos, hoy les hablaré del paseo que di en balsa, que me costó 3 mil pesos en impuestos extras.

Cuando ya no te da más el alma de tanta basura, es obligado viajar. Pero, a veces, muchos tipos de viajes no te sirven. Entonces tienes que buscar el que se acople de manera ideal y espontánea a los sentimientos y emociones en los que te encuentras puntualmente.

Como la crisis era existencial-sistémica, el único viaje capaz de curarme sería el de abandonar estas tierras para siempre. Pero necesitaba una aerolínea low-low-low-cost, una bici acuática, un tren submarino, o hacer barcostop.

Como ninguna de ellas me han sido posible, pensé: ¿qué tal si me hago una balsa?

Preparativos

Las mentes gemelas no existen, al menos no las conozco. Sin embargo, mi hermano estaba pensando lo mismo. De hecho, fue él quien me llamó: brother, no aguanto más necesito hacer una balsa, ¿te vas?  –Accedí con presteza– Hombre, si me viene como anillo al dedo.

Como brother tiene mejores recursos corrió con el gasto de casi la totalidad del proyecto. Fui para las Villas y comenzamos a organizar los preparativos. Compramos un motorcito de 2 tiempos, un encerado de camiones, tornillos, madera, un teléfono motorola de pedro picapiedra pero que era el primero que veíamos con gps…

Objetivo: rumbo “norte“. Daba lo mismo Tampa, Cayo Hueso, Miami, los Everglades, Disneylandia, Nueva Scotia o cualquier espacio de la costa del Atlántico (norte, sur, este u oeste). Total, qué es el norte, si no una metáfora.

Manos a la obra

Diseñamos el artefacto, que terminó siendo casi espectacular. Ahora es cuando me toca agradecerle a los colegas que hacen los videos How to made, hicimos la lancha inflable más bella que hayan hecho mis manos, olvidemos que fue la única.

Estábamos entusiasmados. Por primera vez iba todo viento en popa; y hasta con vela incluida (just´n case).

Hicimos el plano de lo que pensamos fuese un inflable seguro, pero de bajo costo, como mochilero al fin, hay que sopesar todos los pros y contras. Cosí la lona formando la arquitectura de una lancha de goma. Mi hermano le hizo un bastidor de madera que pesara lo menos posible, que sirviera de esqueleto para anclar el motor.

En la parte mecánica diseñamos dos prototipos. Entre estos se escondía el talón de Aquiles. Cómo pensar que fuese mi destrucción un par de meses más tarde. Uno planteaba el motor en el centro del bote con una transmisión de cardán hasta la propela. El otro, se pensaba con la ubicación del motor en la popa del barco, al que se le conectaría la propela con una cadena.

Olvidaba decirles. La parte inflable se activaría con 7 cámaras de camión metidas dentro. Mientras que las propelas las hicimos a ojo de buen cubero. Confeccionamos dos, para que pudiésemos cambiarlas en caso de que no funcionara alguna.

Como repositorios de locomoción le fabricamos una vela con su mástil desmontable y un par de remos, como para divertirnos en medio del océano a donde nos llevaran las corrientes cálidas del golfo. Así no tendríamos en cuenta la insolación, ¿no creen?.

Lo barato sale caro

Al principio pensamos que la de cardán era mejor. Además, si la mayoría de los botes y embarcaciones de pesca la tienen así, por algo será.

Pero luego, mi hermano decidió que era mejor el segundo sistema por ser más barato. Yo, sin aportar más de lo poco que ya había dado, no pude objetar. Compramos una cadena de Suzuki en 500 pesos, instalamos todo y, finito.

El proyecto era lanzado por la borda, literalmente. Bienvenido al club de los grandes emprendedores que quieren cambiar sin invertir con respeto. No es la primera vez que “la vida” me entusiasma y luego me desilusiona con sus inconsistencias…

Preparativos finales

Compramos 30 litros de gasolina, galones de agua natural de la que nunca había bebido, pomos de refresco, galletitas de todos tipos, pastillas para el mareo esperado y nos dispusimos para las tomas finales de Novatos en altamar, una coproducción cubano-norteamericana, donde la desesperación se lleva el papel protagónico.

Listos los supuestos detalles, solo bastaba colocar al pez en el agua, menuda tareita.

Transportación de la lancha

Prepárense chicos. Siéntense bien seguros para que se enteren cómo transportamos la embarcación que tendría unos 4 metros de eslora. La tarea se presentaba fácil, solo era necesario llevarla desde los pies de las Montañas del Escambray hasta cualquier parte de la geografía donde el litoral lo permitiera. Claro, buscábamos algunos requisitos: cercanía con el punto cero, lugar apartado pero accesible, espacio suficiente, refugio a la vista…

Cumpliendo con la primera espectativa, debía ser un punto entre la Habana y Matanzas. También encontrarse en primera línea de playa, pero con algún escondrijo donde dormir, disfrutar de los atardeceres, y tener un Spa.

Hecho. Nos decidimos por la zona de Playa Jibacoa, a unos 350 kilómetros de la casa de mi hermano.

¿Cómo lo transportamos? Simple. Usamos el principio de Blas Pascal: divide y vencerás. Esto relativo a los problemas, no a las personas, ¿está claro? Imbéciles que utilizan este principio para sus metas contra cualquier sociedad hay de sobra. Por favor, no seas uno de esos pobres mediocres. Me gustaría saber que mi blog lo leen personas, no animales bípedos.

En fin, la movimos por piezas, dentro de la mochila. Si puedes, imagínate un motor dentro de tu mochila, 7 cámaras de carros, 15 metros de encerado de carro cocido en una pieza, el bastidor de madera, los remos, la vela… ¡JA!

Los preparativos de la segunda generación los compramos en la Habana, para que fuese más fácil llevarlos: tanque de gasolina, galones de agua, víveres.

Ahora me siento feliz de escribirlo pero estuvimos 3 meses construyendo, preparando el lugar y transportando trozos de nuestro graaan barco.

Check-in

No sabemos nada del mar. Solo que el gps da una posición, uno la traslada al mapa que lleva; tener cuidado con la corriente del golfo y encontrar algo de tierra donde hacer puerto. Venga, si lo de ser balsero tiene menos complicaciones que viajar por Cuba de mochilero.

La mayoría de las exploraciones antes de la reserva las hice yo. Mi hermano se encargaba de lo duro. Cuando estuvo dispuesta la fecha, lo cargamos todo para el lugar destinado. Agrupamos el rompecabezas en un lugar de la playa. Ultimamos detalles y me mudé para el aeropuerto, no fuese a volar nuestro pájaro.

La fecha que dispusimos fue el 15 de agosto.

Bueno, en este punto no debo esconderles algo. Olvidé decirles que mi hermano mantiene cierta afiliación con la tardanza. Les garantizo que ha hecho esperar hasta el avión de la Aeroflot (Habana-Moscow).

Como era de esperarse, varios días después anuló su boleto para nuestro gran prix Mayabeque-Florida.

Ok. Todos escogemos si viajar o no. Ayúdame con el despegue para hacerlo yo solo. Corrimos el check-in para el día 20. Al no aparecer, retrasé el vuelo dos días más.

Check-in definitivo

Me reacomodo para el 22 de agosto. Corre el año 2011. Me trasladaré a ese día.

Entre ayer y hoy he preparado todo el equipo. Inflé la balsa, atornillé el bastidor, armando todo lo que pertenece al bote en una pieza ya navegable. Reviso cada detalle: una de las cámaras se había ponchado sola. No importa era un imprevisto previsto. La desecho sin problema.

No ensamblo el sistema mecánico para poder cargarla yo solo. Además surge algo que no estaba escrito en la cláusula del low-cost.

Imprevisto desprevisto

Algunos imprevistos, aunque de salir todo bien no se esperan, al menos se tienen en cuenta con la intención de adelantarnos a ellos en las estrategias que se tendrán bajo la manga para su contensión. Pero esta vez había surgido uno que no estaba en la agenda.

Uhm. No lo había pensado ¿cómo llevo esto al agua? Ja, menuda gracia. Ahora estaba solo con todo aquello. La verdad, no era gran cosa; pero sí más de lo que un hombre solo podría abarcar.

Eché mano nuevamente del principio de Pascal –si alguien lo ve, que le agradezca de mi parte. Así que dispongo todo de forma que lo pueda cargar, por grupos. El agua está a unos 600 metros. Pan comido.

Amanece el día 22. Nada de ciclones en el Caribe. La mañana se ha levantado clara y con el olor nauseabundo de la sal mezclada con carne de pescado cruda. La brisa, casi imperceptible acaricia mi rostro. Es un gran día para viajar.

Doy el último paseo por la playa. Tal vez, nunca más vuelva por acá. No es que le tenga animadversión, sino que guardo otras tantas deudas por visitar, que luego no me da tiempo de pasar por aquí.

Vuelvo a hablar con Dios sobre el viaje y la insignificancia de los pormenores… La playa está llena. Todos se divierten a sus anchas. Jibacoa es la zona más concurrida de esta región.

Bueno, ya está rectificado el pasaje y marcado el asiento con ventanilla (por todos lados). Solo resta esperar al atardecer.

Algunos sustos de la noche

A pesar de que todo está dispuesto de manera organizada, el estrés del momento llega sin ser llamado. Los sentidos se alteran sobreprotectores en busca de presencia enemiga.

Comienza a oscurecer y una moto Suzuki, de las que más usa la policía de civil, pasea por la zona. Atraviesa el monte, ¿qué otro propósito se puede esperar salvo un patrullaje?

Pienso si no habré escogido mal la zona. Tengo a ambos lados, tropas guardafronteras: los de Santa Cruz del Norte y los de Canasí.

Al rato regresa. Son las 8, ya se puede decir que es de noche. Aguardo otro rato y comienzo a trasladar las cosas hacia la orilla. Me demoro más de media hora en cada recorrido; escuchando, penetrando la oscuridad hasta el cansancio. Me duelen las mandíbulas de tanto apretarlas.

Me preocupa sobremanera una embarcación que comienza a dar recorridos específicos en todo el espacio a mi zpna de despegue. Va para un lado, regresa por donde mismo, vuelve al otro. Y lo hace de manera ágil y constante.

El recorrido parece ser justo por mi causa. Describe una trayectoria cíclica, recurrente, desde cerca de Santa Cruz hasta la altura de la desembocadura del río Canasí. Maldición, tiene que ser un patrullero.

En lo sucesivo calcularé su frecuencia mientras me alisto. Pero ya el viaje está decidido.

Cargo, por orden, lo pequeño y menos importante primero. Pongo el motor en la orilla y, con un par de varas largas que había cortado en la mañana, hago una camilla en la que arrastro el bote. Ya está en el agua.

¡Flota de maravillas! Me digo con emoción, pues nada de lo que hice ha sido probado en la realidad. Me río; pues a mi mente llega el recuerdo del film animado Atlantis I. Donde aquel muchacho loco está lleno de improvisaciones y desastres; pero que no le impiden llevar a cabo sus expediciones.

La embarcación fantasma se demora unos 50 minutos por cada vuelta. Los destellos del reflector del puesto guardafronteras también ayudan con el estrés del momento. Qué locura. Este viaje, low-cost, tiene sus inconvenientes. Me prometo no recomendárselo a nadie en el futuro. Aunque tampoco es gran cosa…

La Hora

La hora ha llegado. El equipo está en el agua y listo. No parece haber nadie en los alrededores inmediatos. Aunque se escucha gran cantidad de voces cercanas que se divierten.

Son casi las 11 de la noche. Conecto el motor con cuidado. El agua me da por las cinturas. Dispongo cada cosa en su sitio, y observo el barco incansable. Espero a que venga hacia a mí para salir. Así creo tener más tiempo de respuesta de mi parte. Sin embargo, ocupado en los preparativos, si bien le vigilaba, no me había dado cuenta que su trayectoria se había desplazado más hacia el frente de Santa Cruz del Norte. El giro lo hace antes de llegar a esta playa. ¡Bravo!

Adiós

La pista vacía me invita a despegar. Es maravilloso el momento en el que levantas los pies del suelo marino para suspenderte encima de un bote minúsculo sobre una flexible superficie interminable.

Coloco los remos. El mar tranquilo como nunca en la costa norte es un buen augurio. Desde las 11 de la noche hasta casi las 3 de la mañana, remo con todas las fuerzas que mi inexperiencia permite. La brisa terrestre provoca un oleaje pequeño pero continuo que me lleva hacia fuera.

La noche, cómplice de los viajeros, es expléndida y me favorece.

Los planes cambian

No sé a qué distancia me encuentro de la playa, pero por triangulación de lo que puedo ver hacia ambos lados es suficiente para sentirme seguro. Guardo los remos y me dispongo a encender el motor.

En la casa de mi hermano era lo único que había sido probado. Lo dejamos con una afinación envidiable. Enrosco la soga. Halo y, brum. Al instante arranca; y con la misma velocidad se apaga. El invento había fallado. El sistema no protegido que le hicimos inundó el motor…

(…)

Siente, en los puntos suspensivos, el momento de frustración y cólera conmigo mismo, con mi hermanito querido, con… Intento numerosas veces, pero todo es en vano.

Preparar el retorno

Vencido por la realidad matemática oriento la proa a tierra. Remo, remo, remo: no avanza ni una pulgada. Son las 3 de la madrugada y me siento ahora el hombre más indefenso y desprotegido del planeta. En cualquier momento aparece una patrulla y yo, de chiste, sin poder moverme.

Safo el motor y por primera vez en mi puñetera vida arrojo basura al mar. Como cambia la vida en un segundo. La brisa de tierra que tanto me gustaba, ahora es mi enemiga mortal. La balsa no avanza nada. Absolutamente nada. No puedo hacer más, lanzo todos los galones de combustible, agua y refrescos una vez más al pobre mar que nos soporta en silencio.

Me conforto: comparado con los millones de litros que vierten otros por enriquecerse, qué son treinta litros de gasolina por supervivencia. En realidad no ayuda este pensamiento, pero la desgracia aumenta y no me permite autoflagelarme. La embarcación misteriosa ha tenido la dichosa idea de volver hacia esta zona.

Viene directo a hacia mí. Lleva delante un foco que alumbra su rumbo de luciérnaga gigante. Me quedo petrificado. Por suerte pasa a unos cuantos metros por delante. Una parte del terror mengua, al saber que es un yate pesquero. Los hombres encima no prestan atención a nada más que a sus quehaceres y conversaciones.

Esta vez, alargan el recorrido hacia el otro lado: Canasí-Puerto escondido, tal vez.

Cinco horas de nado desincronizado

Mi lancha vacía se niega a dar un paso. Esto pinta muy feo. Llevo demasiado tiempo en el mismo lugar. Miro mi Casio: 3:19. No sé en qué momento habrán salido las lágrimas, pero ya corrían por mi cara.

Desenfundo el cuchillo y hundo la balsa a puñaladas. Eran unos golpes inciertos, fuertes mas no violentos, agresivos pero sin odio. Me atrevo a decir que con cierto cariño y respeto reverencial contra aquel artefacto que no tiene la culpa de mis desiluciones.

Narrar las próximas 5 horas es fácil. No sé la distancia que habrá sido, solo el tiempo: desde casi las 3 y media hasta las 8:22 de la mañana que entré fogoso por la misma playa que me había despedido; mientras los bañistas me miraban con una cara que vino a alegrarme la triste hazaña quijotesca.

Segunda parte, que me costó 3.000 pesos

La historia no acaba aquí. Primero te hablé sobre el paseo. Ahora te contaré por qué me costó 3 mil pesos en pagos extras.

Preclímax

Como no hallaba qué hacer, regresé para refugiarme en el mismo sitio donde viví por más de 2 meses en esos últimos días. Al amparo de la maleza frondosa me dormí hasta despertar de golpe con el silbido de mi hermano.

¿Brother, aquí? Me atrasé. He venido a ayudarte, ¿es seguro que te quieres ir solo?

Aquello parecía una broma del Decamerón. La vida es más cínica y juguetona que Calderón de la Barca, Pablo Picasso o Charles Bukovski. No hay realismo sucio que pueda servirme en este momento… Le conté lo menos posible sobre el “viaje”, y volví a quedarme dormido.

Regreso

Brother recoge la cámara de carro ponchada para llevarsela a casa. Con ellas juegan los muchachos en las playas y ríos de Cuba. Tengo hambre. Pensar que ayer tenía comida para dos semanas.

En la parada, mientras esperamos algo para la Habana, un paturllero de carretera nos interroga. De dónde vienen, hacia dónde van… En los documentos uno es de Las Villas, el otro de la Habana.

Qué llevan ahí, déjame ver. Una cámara de carro ponchada que me la llevo para jugar en el río, responde mi hermano. Así que una cámara de carro. Nos esposan. Suban al vehículo. Y nos dan botella hasta el puesto de guardafronteras de Santa Cruz del Norte.

Ahora, el Apartado de los chistes (clímax)

Mirémosle el lado bueno, ya estábamos unos kilómetro más cerca de la capital.

Chiste con uniforme militar

Comenzaron los interrogatorios. Nos alternan. Venga, sin cuentos, qué hacían, dónde está la embarcación, cómo…

Qué aburrimiento. A la verdad nunca he tenido una buena actualización de mi traductor policial. Debe ser porque representan una de las mayores escorias de la sociedad cubana. Al menos eso es lo que se puede ver. A pesar de la permanente manipulación de los medios intentando crear (recrear será) una imagen ficticia sobre ellos.

No soy el doctor Doolitle, por lo que no tengo herramientas comunicativas para converzar con los animales. No me gusta hablar con sujetos que no sean personas. Cuando me encuentro frente a individuos de ese tipo, lo mejor que hago es abrir la ostra y relajarme dentro.

Confucio decía: cuando te traen un regalo, tu lo aceptas si te conviene, de lo contrario se lo devuelves a tu anfitrión. Con la basura humana es lo mismo, si no te tratan como persona no lo aceptes; se lo devuelves, y punto.

Los chistes aumentan

Ni lo sabía, pero mi mamá le había dado a mi hermano unas cartas de “recomendación” para unas amistades suyas en Miami. Si yo ni siquiera pensaba pasar por esa ciudad.

Cuando le revisaron las pertenencias a mi hermano él opta decir que sí, que nos íbamos, que no funcionó la barca… El pobre uniformado vino a restregarme en la cara un video donde, bueno, para qué marearte con esto.

Llegó un patrullero de la Seguridad del Estado. Nos llevaron para Punto Cero. Así le llaman a una unidad de retención en las afueras de la Habana. Mejor viaje de regreso, ni pedir de boca. Estábamos a unos escasos kilómetros de Guanabo. Casi en la entrada de la Habana.

Los chistes continúan

Si en Santa Cruz no sabíamos ni quienes nos hablaban (entre militares y policías), acá se presentaron definidos como oficiales del órgano de la seguridad del estado. Con una grandilocuencia y parsimonia, en hombres tan jóvenes, que sonaba rara y sobreactuada.

Nos hicieron algunas preguntas. Por supuesto que mi hermano fue quien habló. Nos dieron consejos en los que esos buenos cuidadores nos alertaban de la terrible idea que implica navegar en el triángulo de las bermudas o a través del Paso Drake. Luego del prolongado sermón vacío, nos invitaron a dormir hasta el amanecer.

El mayor de los chistes

Lo más cómico de todo lo que nos sucedió con los oficiales del Ministerio del Interior fue que nos dijeron que el gobierno no tenía nada que ver con eso, que solo se preocupaba de que no nos sucediera nada malo, que no había ningún tipo de represalia, amonestación o medida alguna…

Desenlace

En la mañana nos despidieron y caminamos hasta el paradero de la 400 y nos fuimos para la Habana.

Un chiste se salió del apartado

Semanas después tenía una multa de 3.000 pesos en casa. Así que el gobierno no disponía medida alguna, ¿no?

Cuando reclamé sobre esto me dijeron que era una multa de capitanía del puerto por andar en el mar con un medio rústico. Todavía me pregunto si alguien me vio en el mar aquella noche. O tal vez, los magos del oriente vieron una estrella, y han venido a…

Consejos para balseros

No lleven cartas de recomendación de su madre.

Inventen una transmisión que venga por cardán desde el centro del bote.

Pruébenla antes de estar tan lejos; si falla no tendrán que nadar tanto.

Por último, si se les poncha una cámara: ¡DÉJENLA BOTADA! Puede que te regalen una multa de 3000 pesos por ella. Que por cierto, ahora que me doy cuenta, la decomisaron.

Despedida funesta en tres actos

Acto I: El placer de lo vivido

Al principio usé el subtítulo un recuerdo agridulce, ahora te lo explico. Más bien fue del casi todo ácido. Sin embargo, deseo guardarlo como un recuerdo con cierto porcentaje de alegría. Un viaje, aunque inconcluso, emocionante.

Por dos razones. La primera fue que lo hicimos con el entusiasmo más grande que se le pueda dedicar a un viaje. Eso es muy importante. La segunda, haber tenido esa experiencia y saber que se puede realizar. Pienso que ni siquiera es difícil.

Te cuento, de corazón, que si tuviese que volverlo a hacer, si la voluntad de Dios lo permite, por supuesto, lo haría con muchísimo gusto. Y esta vez no creo que saliera mal.

Acto II: Aclaración

No sé cuantos de ustedes han hecho viajes a escondidas del gobierno de la región donde se encuentran, pero yo me divertí con ganas.

Mi aclaración es esta: Ten en cuenta que aunque no te hayan visto en el agua te mandan la factura a tu casa. Además, te aclaro que me han dicho que la segunda vez el impuesto es de 5.000 pesos. Te aconsejo que te actualices sobre las tarifas después de la Covid-19, no vaya a ser que…

Acto III: De todo lo malo surge algo bueno

Ya lo creo. No es positivismo. Tengo fe de que todo sucede por alguna razón; e incluso, confío en el proverbio: de todo lo malo surge algo bueno.

Nuestro viaje en balsa por el estrecho de la Florida había fallado. Durante el mes post-fracaso, te queda una depreción terrible, pero pasa rápido. Ese mismo septiembre comencé a dar clases en un pree-universitario donde conocí al amore della mia vita, nos casamos y fuimos felices por siempre… JAJAJA.

No sé cómo*, ni por qué, pero sobre el fracaso del posible mejor viaje de mi vida, Dios me obsequiaba el regalo más grande. De aquella relación nació la bebé más bella, dulce, espléndida, cariñosa y mejor parecida a mí de todo el universo.

* Aclaremos algo: lo del cómo, bien que sé yo cómo fue, ¿está claro?

Miren que carita

o miren como se pone cuando se electrifica

ganándose su diploma de bailarina española

foto de su primer día clases 8 años después de aquel no-viaje

No les dije que este infortunio lo considero agridulce.

¡Hasta más ver!

Con mucho Cariño, tío Lucio el viajero.

Blog de Viajes mochilero

Mi nacimiento: o de cómo encontré a Nena, quien no me conoce

¿Cómo conocí a Nena?

Travel bloggers
Foto tomada a hurtadillas de su blog. Shh.

Fue amor a primera vista. Mejor dicho sin vista; pues ni siquiera la conozco.

No sé si te ha sucedido lo mismo alguna vez, pero recuerdo que en la escuela, cuando teníamos 10-12 años nos enamorábamos de una niña linda y talentosa a la que hacíamos nuestra con una particularidad: ella no lo sabía.

Ahora, después de otros años luz, me sucede lo mismo. He conocido a una chica que ha colmado mi corazón, pero ella no lo sabe. No sabe nada de mí, ni yo sabía de ella antes de leer su blog de viajero. Es linda. Me ilusiona todo cuanto habla. Y debo confesarles que no soy de fácil captura. Sin embargo, ha sido un golpe fulminante al primer disparo. Puedo decírtelo porque no existe la remota esperanza de conocernos; como tampoco espero que ella lea nunca este post. Pues, en cuestiones de viajes, ya la muchacha es grande y yo solo un crío recién nacido.

Claro, que no esperarás que sea amor de amores, ¿no? Es otro tipo de amor, el que surge de la admiración genuina, el que socava los huesos, el que te llena y exita espiritualmente, sin intenciones sexuales… Por lo que su pareja no tendrá de qué preocuparse.

Pero eso sí, amor de los grandes seguro que es.

Inscripción de nacimiento al pie de las montañas

Paisajes ecoturismo cubano 2021
Montañas del Escambray, las más bellas de Cuba.

Topes de Collantes, Trinidad
Topes de Collante, ecoturismo en Trinidad, Cuba.

Volviendo a lo que quiero contarte, nací al pie de las montañas. No tengo lindos recuerdos de una infancia feliz. Eso te lo digo con certeza matemática, pero las mejores vivencias tienen que ver con los árboles, las rocas y los caminos intrincados que nacen y se suceden a través de los senderos ocultos a la sombra de interminables bosques (en Cuba se les llama montes).

Siempre fui viajero de nacimiento. A eso súmale la inestabilidad familiar de una madre nómada con hijos que criar. Aunque, si lo pienso bien, la inestabilidad era hasta cierto punto, pues existían constantes que definieron nuestro hogar, sin paradero fijo. Por lo que no quisiera que le llamaran inestabilidad a la condición gitana. En honor a la verdad, tampoco es sincero llamarle estable a esa vida. No por ser filosóficamente andariega sino por la razón de que en cada lugar vivido tenía un nuevo amigo al que llamar papi. Así, tengo una pequeña lista de nombres compuestos: Papi frank, papi berto, papi nine… Sí quiero aclararte que también, aunque distante, tuve un papi a solas. Muy lindo por cierto, pero más ajeno que los papis con apellido.

Mi renacer viajero

Mi renacer viajero, con intenciones fijas de serlo surgen en el 2020. No sé si es una locura, una sentencia a muerte o desesperación total como cuando me hice una balsa para viajar a otras partes de América. Solo puedo decirte, que esta vez, si Dios me lo acaba de permitir, será definitiva.

No sé como lo voy a hacer; no tengo dinero, ni medios, ni fronteras, ni aviones, ni barcos, ni familia (salvo Lucía), ni amigos, ni otro tipo de entes que puedan ayudarme a encaminar mi destino. En estos momentos escribo con más incertidumbre que resolución. No por la inconformidad de llegar a ser lo que siempre he sido, sino por la imposibilidad palpable de estancarme en la misma oficina de Bernardo Soares (puedes llamarle Fernando Pessoa, da igual).

Renací en plena Covid-19. Este es otro punto en mi contra. Aunque el mayor, figura el simple hecho de nacer cubano. No sé que sucede, pero entre otros amigos de cualquier parte del mundo se hablan con transparencia, dinamismo enfocado en las ideas que tienen, retos anhelos. Acá, a nosotros se nos mira como oportunistas que solo intentan aprovecharse de los demás. Esta es la mayor desgracia. Porque cierra las puertas a cualquier amistad convincente, digna, balanceada. Nos obliga al ostracismo en defensa del honor.

Aun así mantengo las esperanzas de encontrar la manera de romper el bloqueo, el de acá, y caminar por las calles del mundo. Esta es mi frase favorita. La escribo en poemas, le parafraseo a cada ratos, y termino lanzándola al mar como hacía Victor Hugo con su compasión.

Metamorfosis

Un webmaster amigo y hermano decidió hacer unas webs, y me pidió algo de contenido para llenar uno de sus sitios, pues era de turimo en Cuba. Sin pensarlo dos veces, le pedí me activara un dominio gratis, hasta que pudiera cambiar de todo. Este sería expresamente para mí. Donde solo escribiera sobre mis viajes y aventuras que tantas veces he desechado por no escribirlas.

Ya era hora. Al fin podría plasmar mis viajes de idas y retornos (aunque no creo que se regrese en realidad). Soy de los que piensan (y si no los hay, da igual) que nunca se regresa; sino que caminamos una ida en la que el retorno es el viaje que continúa a pesar de la estática.

¿Qué haré?

Ya tengo el sitio, en cualquier lugar del mundo hasta que pueda anclarlo a un dominio global. Sin embargo, me envuelve la mayor incertidumbre que jamás haya tenido. No sé qué será de mi vida, ni cómo hacerlo, ni cómo viajar, ni cómo ser padre, ni cómo alcanzar…

Tantas veces sobre lo mismo, tantas noches acurrucado sobre el vacío. Y cada amanecer, la misma lluvia. Esto es lo que no puede pasar. Solo la maldición de Dios puede impedirlo. Ya tengo blog, ahora, la cuestión es llenarlo.

Por qué escribo

Escribir, al igual que viajar es una necesidad. Es el vacío donde lanzo mis anhelos, mis miedos, mis tristezas, pero sobre todo, mis alegrías, euforias y ganas de vivir.

Nunca ha dejado de ser un bálsamo con el cual alivio ciertas necesidades espirituales. Por ello casi siempre, lo que escribo es poesía. Tal vez por la relación intrínseca con mi ser, mi yo, mi espiritualidad.

Con viajar me ocurre exactamente lo mismo. Por ello, a partir de este mes en que logré hacer un blog DESDE CUBA, ¡que es mucho decir!, intento mezclar lo que pudiera ser mi vida real. Esa amalgama ilusoria entre caminar y sentir, entre viajar y escribir.

Hace algún tiempo que busco la manera de ser nómada digital, pero, gracias a la pobreza y las minúsculas limitantes de Cuba, no he podido avanzar casi en absoluto.

Sin embargo, como las esperanzas son las locas persistentes últimas en desaparecer, pues continúo anhelando escribir desde cualquier parte de este lindo planeta con una mochila por hogar.

Otra vez nena

Travel bloggers

A veces siento que tenemos tantas cosas en común. Los mismos pensamientos, incluso siendo de sexos distintos. Ella ha devenido en estos últimos días mi mentora fantasma, mi crack. Su manera de escribir me ha cautivado. Es que le mete empeño a la realidad en busca de lo que verdaderamente importa, la esencia de la vida en todo y cuanto nos rodea.

No solo leerla, sino que así es como quisiera llevar mi blog personal de viajero. Mi idea de escritura es mantener esa actitud narrativa emocional sobre el viaje que realice; y luego, al final, o en otro post, desarrollar guías, consejos, complementos para mis amigos viajeros. De esta forma no rompo con la energía de lo que estoy contando. Algunos escriben de una manera ajena a mí, que me parece demasiado técnica y comercial (repito: para mi forma de escribir, digo). En nada me atrevo a juzgar, pues esa es la empresa más oscura en la que puede adentrarse el ser humano.

Chao

Espero que mi recién nacimiento no te limite a leer lo que escribo. Tampoco lo minúsculo de mis viajes. Teniendo en cuenta que vivo en una isla de unos 1000 kilómetros de largo, que posee lugares maravillosos a los que no me es permitido entrar y que me cubre una herencia de familia enteramente ligada a la pobreza, que da gracia.

No dejaré de escribir sobre las vivencias de un viajero empedernido a costa de lo que sea.

Abrazos cariñosos a todos desde el Caribe.

Tío Lucio, el viajero.

Picnic en el Cristo de la Habana Lucioviajero

Mi blog personal de viajero: bienvenido

Tour por la Habana
Viajeros por la Habana Vieja, Lucioviajero

Este es mi blog personal de viajero. En él iré escribiendo todas las vivencias que vaya recopilando en cuestiones de viajes. Pero al ser el post de bienvenida, a ponerse cuello y corbata. Comencemos de manera formal.

Hola, amigos. Quiero presentarme. Me llamo Luciano Puentes Gutiérrez. Por mi parte, llámenme Lucio. Y como me agrada tanto la serie The Fraggle Rock, me apropiaré del nombre de mi personaje favorito y me auto llamaré: Tío Lucio el Viajero. ¡JAJAJA! Un abrazo.

A mi web de viajes iré subiendo todo lo relacionado con mis andanzas. Por ahora no son muchas, pero esa condición mejorará cuando se rompa el iceberg sobre mi cabeza. Por desgracias, he perdido muchas oportunidades de escribir, porque no tengo mucho acceso a Internet. Sé que suena loco, pero vivo en la única isla del planeta donde nuestros corazones están en el siglo XXI, pero los pies en el Medioevo: Cuba. No había tenido la oportunidad de hacerme un blog personal. Gracias a una empresa para la que he escrito algunos contenidos me ha retribuido con este dominio, que luego pasaré a .com… Tampoco he podido caminar por otras tierras, así que al comienzo, les relataré mis viajes por esta bella isla repleta de maravillas escondidas.

Razones para un blog personal de viajero

¿Por qué este blog? Lo escribo porque soy mochilero de cuerpo y alma. Si todos hacen el suyo, ya es hora de que haga el mío. Espero que les interese. Veremos como evoluciona. Quiero, no solo hablarles sobre mis viajes, sino que buscaré la manera de serles útil, con las historias que os vaya contando; con temas que puedan servirles en los asuntos personales de sus viajes; o, al menos, con el placer de viajar juntos a través de los relatos.

Por eso, ¡enhorabuena! Sean todos bienvenidos a mi blog personal de viajero. En esta web no solo quiero escribirles yo, sino que sea un espacio de conversación, en virtud de las alegrías y aventuras que vivamos juntos (sobre sus viajes también).

Ya leeré yo vuestros post.

Un abrazo bien cariñoso a todos.

Tío Lucio, el viajero.

Sitio de viajes en Cuba
Sitio de viajes en Cuba

Ps: Soy editor del sitio CubaTopTravels.com. Si quieres orientar tus viajes a Cuba, en esa web tienes todo lo que necesitas. Lo mejor es que toda la información publicada allí es actualizada y de primera mano. Luego me comentas qué te pareció.

Mochilas por el mundo_Lucioviajero

Mi Primer Viaje Intercontinental a los 8 años

¡Huy, Huy, Huy! Amigos, quiero contarles sobre mi primer viaje intercontinental a los 8 años. Corría el año 1986. Supongo que por el clima propicio que recuerdo haya sido el mes de junio, pues aún estábamos en el curso escolar.

Travel Blog Lucioviajero.
Algunos años después me seguía viendo así soy el lindo de la derecha).

Este gran recorrido, en realidad, no abarcó un diámetro de 500 kilómetros. Tampoco era el primero, si tenemos en cuenta a los realizados con mi familia.

Sin embargo, díganme, para haber sido mi primer viaje solo, con 8 años, fuera de mi región natal, sin un peso en los bolsillos, 15 días, a full de adrenalina y sin back up familiar de ningún tipo…

Yo lo consideré Intercontinental.

Por qué hice aquel viaje

Los viajes son parte intrínseca de mi espiritualidad. Un bálsamo con el que disipar los tedios. Son una mezcla de aventura hacia el inesperado futuro y la huida de lo presente.

Una tarde discutí con mi hermana mayor y, estado de cólera, la lancé sobre la cama. No fue gran cosa; pero recogí algunas pertenencias en el portafolios que usaba para llevar a la escuela y desaparecí. Al rato me dirigía hacia la Autopista Nacional. A mis espaldas, caía la noche en el pueblo de Fomento.

Recorrido

En el entronque de Placetas-Fomento me detuve por un descanso. En realidad, no tenía a donde ir. Tampoco intenciones de regresar. Una rastra acomodada con cabina en su trailer para llevar a los trabajadores de un contingente de la Construcción paró a recoger a alguien que hacía señas a unos metros de mí.

Subí detrás de él. Me senté a su lado más conversador que nunca. A ratos escuchaba, deducía que el carro les llevaba hacia Varadero. Construían un gran hotel y todo lo demás. El camión era lento y con mucho ruido. La noche era agradable.

Playa Varadero Intercontinental
La Playa de Varadero un día cualquiera. Lucioviajero.

Genial. Había “encontrado” un destino que, mejor, ni pedirlo. Me acomodé en el hierro del asiento improvisado hasta dormir. Uno de los señores me despertó con la pregunta: ¿a dónde vas? A la que respondí: ¿dónde estamos? Estamos en la salida de Jagüey Grande…

El hombre que había subido conmigo no estaba en el carro. Tuve miedo de que se dieran cuenta. Voy para un pueblo de campo cerca de aquí. Déjenme por donde puedan.

Detuvieron el carro y me bajé. Así, a solas, con una sábana fina en el portafolios como cama, hacía mi entrada triunfal a ese pueblo. Dormí en el mismo sitio donde me dejaron y en la mañana les seguí las huellas.

Cuando pasé por Cárdenas no tuve muchos reparos en ella. Desde que me había subido a aquel carro en Las Villas, mi mente había trazado un rumbo: conocer Varadero.

La ciudad de Cárdenas fue la que más visité. Puedo decir que viví en ella por una década (de días). La caminaba para allá y para acá. Su antena repetidora de TV se me hacía la ilusión de ser Eiffel.

Recuerdo, que años después, le comentaba a mis compañeros de clase que en Cárdenas existía una Torre Eiffel, en la que yo había estado. Era uno de mis logros decisivos en la competencia por alcanzar el corazón de las niñas de mi escuela.

Ningún otro niño hablaba de paseos y viajes a solas. Mucho menos, por otras avenidas, calzadas, carreteras y autopistas más allá de las contadas calles de Fomento.

Otros itinerarios

Todos los títulos y subtítulos de este post están alterados. Qué itinerarios, ni que ocho cuartos. Yo caminaba y me subía a cualquier ómnibus que me pasara por el lado y en el que no tuviese que responder preguntas.

Viajes a Matanzas Lucioviajero
Matanzas, la ciudad de los puentes.

De esta forma, a lo agente 007, con una cara amistosa para conversaciones ajenas, pero disimulando a full mis objetivos, visité al máximo los alrededores de Cárdenas. En esta ciudad (que recuerdo hermosa), y en Jagüey Grande fue donde más estuve.

Conocí Matanzas más allá de la Terminal de trenes, que era el único punto conocido. Una ciudad un poco rara para mí. Creía que las lomas eran solo de la naturaleza y que ciudad significaba un valle poblado. En Matanzas las guaguas suben y bajan por las colinas enmarcadas por ríos y puentes.

Recuerdo que al llegar me recibieron con un espectáculo infantil en el parque. Caminé por sus calles que te pierdes, incluso hice un intento fallido de subir a un tren hacia cualquier parte. No tuve como pasar el check-in.

Ecoturismo Cuevas Bellamar
Las Cuevas de Bellamar: un destino asombroso.

Cuando estuve en Matanzas no sabía nada de Las Cuevas de Bellamar, ni su título La Ciudad de los Puentes, aunque terminé por intuirlo. Pero, que conste, me bañé en el río Yumurí y escalé el Pan de Matanzas. No, mentira. Lo imaginé desde el mirador de Monserrate. Fue una deuda que contraje con él. Que se retrasó, por muchos años.

Santa Marta y Varadero fueron sitios cálidos donde no estuve mucho tiempo. Ahora calculo que por los cuidados para mantener mi identidad. Jajaja. Sin embargo fue agradable estar en Varadero, caminarlo. Ya existían muchos de los hoteles y, a pesar de estar bien cuidados, lograba penetrar a sus jardines y descansar encima de las hierbas más costosas de Cuba.

Lo poco que anduve por Santa Marta se debe a que la usé de localidad de tránsito. Cada vez que pasaba por allí iba en dirección a otro sitio. No me preguntes por qué. Solo recuerdo que la atravesaba de salida a salida, le guiñaba un ojo y seguía camino hacia otro lugar.

Otras de mis visitas comprendían pequeños pueblos que no recuerdo; y que no quiero refrescar de manera forzada en el mapa. Se perdería la esencia de este post. Como es el caso de tener en mente que pasé por una entrada que tenía el cartel de bienvenida a un Central Azucarero.

Recuerdo haber circulado también por la carretera de Jovellanos y la de Bolondrón. En las inmediaciones de aquellos campos me quedé en un poblado pequeño donde me obligaron a dormir esa noche unas personas a las que les dije que iba para casa de un amigo de la escuela.

No sé si ellos me creyeron. El caso fue que dormí allí, me levanté temprano y me marché decentemente, después del desayuno. Digo decente, porque es común en mí, dejar con la palabra en la boca cuando me hacen tres preguntas insidiosas, que no llevan a ninguna conversación.

Tampoco descubrí si mis anfitriones le avisaron a la policía. Por mi parte, lo más que podía hacer, lo hice: mencionar el nombre de una cooperativa que se encontraba en aquella dirección y de la cual había visto su entrada al pasar por la carretera días antes.

También supongo que no existiera teléfono por los alrededores. Ni qué soñar con los celulares.

Un par de veces intenté llegar a la Ciénaga de Zapata, pero no pude avanzar más allá del entronque de la Autopista Nacional cerca de Jagüey Grande.

Un milagro de Dios

Mientras descansaba en un pequeño parque, más bien una esquina de calle, a la entrada de la refinería de petróleo de Cárdenas, y del pozo de petróleo que se adentra en el Mar; me sucedió los más insospechado que podría esperar.

Para mí fue un milagro del cielo. Cuando voy a sentarme, veo un billete de 20 pesos frente a mí que me dice en mudo grito: ¡cógeme, cógeme!

Cómo Viajar sin dinero
La Magia de viajar sin dinero. Lucioviajero.

¡Wow! Nunca más oportuno. Mas no se detuvo ahí…

Estupidez incluida

Esta anécdota encierra algo de tonsura. En medio de mi triunfo por haber cambiado de clase pobre a clase media en cuestión de segundos, me sucedió algo insoportablemente estúpido.

Se acercaba un par de trabajadores del petróleo, con sus cascos y overalls de la Sherrit. Uno de ellos, asombrado, recoge de la calle un billete de 20 pesos, entre exclamaciones y sonrisas.

Quedé petrificado. Me contenía a grandes esfuerzos por no correr a la calle. Seguía con la vista a los obreros. Cuando se marcharon salté frenético, y…

¿Qué ven mis ojos? Otros dos billetes de 20. Era el momento de oro de mi Travel Carrer, Era millonario.

Pero, ¡seré tonto! Cómo no se me ocurrió…

Bueno, dejemos la euforia en este punto, para aclarar algo. Además de la situación en la que me encontraba… Teniendo en cuenta el valor adquisitivo de la moneda en las dos fechas (1986_2020), 60 pesos representa lo que hoy serían unos 6 000. Me conformo con ser milionario, jaja. Porque eso de los millones acá en Cuba no trae buenos recuerdos.

¿Cómo me alimenté?

Muy simple: de varias maneras. La necesidad de comer jamás ha sido muy buena limitante para mis empresas. A diferencia de la mayoría de mis coterráneos, a quienes solo les importa la cantidad de comida en el saco, me conformo con lo que aparezca.

Comí de todo. Supongo que me haya acostado sin comer varios días por la propia arquitectura del viaje. Recuerdo solo los mejores momentos. Increíble capacidad discriminante de nuestro cerebro, ¿verdad?

Algunas personas me invitaron a comer con ellos. Hasta donde me alcanza recordar fueron tres casas. Almorcé en varias pizzerías, restaurantes, cafeterías. Siempre compro pan solo y luego lo mezclo con lo que haya.

Un mundo mejor

Las cosas eran distintas. La mejor pizza costaba 1.90; ahora la más barata 15. A veces comías gratis con solo pedirlo. Los trozos de galletas, waffles, panecillos, no se vendían. Déjame contarte algunos detalles para que tengas mejor idea de cómo funcionaba lo de cenar con bajo presupuesto.

Como siempre fui entrometido, andariego y preguntón, hacía confianza y buena empatía con quienes conversaba.

Recuerdo que en las tardes, al salir de la escuela, antes de marchar a casa, me daba una vueltecita por los alrededores. Para serles claro, me llegaba al Coppelia. Pedía un helado gratis y me llenaba el resto del vaso con trocitos de sorbeto. Era un encanto de chica.

Creo que la amaba, y ella lo sabía.

Era hermosa aquella muchacha. Aún lo es. A pesar de los años, ves en ella a una de esas mujeres que siempre han sido elegantes; porque la verdadera belleza nunca desaparece.

Además, como en el amor no valen edades. Me encargaba de recordarle cuánto me gustaba. Lo malo de aquello fue que nunca me respondió. Solo se reía. Para cuando entré al quinto grado ya la había perdido, casándose con uno de su tamaño.

Quise amarla por siempre como lo hicieron mis abuelos paternos, pero al entrar Evguenia, la nueva niña rusa a mi clase, la olvidé de un golpe.

Por cierto, la vi hace algunos años, hermosa como siempre, a pesar de sus 58 años y me habló con tanta dulzura: mi chiquillo loco enamorado. Heló mis disimulados pensamientos. Supongo que no haya sido amor, claro. Sin embargo, cuánto puede hacer en las relaciones interpersonales una sonrisa diaria y unos trozos de waffles.

Alojamiento

Aquí la respuesta que salta a la boca es similar a la que te dije respecto a la comida: cualquiera.

El primer día viajé de noche. Una vez me quedé en casa de las personas que me invitaron en los campos de Jovellanos.

Hoteles en Iberostar en Varadero
En lugares como estos también dormí, al menos en el jardín. Iberostar Selection Varadero.

Las demás, fueron variadas y pintorescas: calles, terminal de ómnibus, ferrocarril, funeraria, escaleras de edificios, montes al lado de la carretera… Los lugares que más me gustaron fueron: el cementerio de Cárdenas, por su tranquilidad y limpieza, y los jardines de los hoteles 5 estrellas a los que accedí a hurtadillas, en Varadero. Lo malo de estas hierbas de lujo, es que las iluminan demasiado y me gusta dormir a oscuras.

La víspera de despedida de aquellas tierras fue inesperada.

La última noche

Ahora debo contarles de un hospedaje que jamás pensarían en él, al menos, no de manera divertida y acogedora.

Resguardado por la alegría infinita de los niños, puedo decirles que yo la pasé bien. Por supuesto que a este “alojamiento” debemos sumarle, Uhmm, yo diría “tachonarle“ la hospitalidad a punta de escopeta.

La última noche del mega viaje internacional de mi vida, la pasé en la estación de policía de la ciudad de Cárdenas.

Hasta ahí las clases

Así fue la fatídica y trunca tarde que me echó a perder la fiesta. Llevaba medio mes deambulando por aquella provincia. Creo que no me quedarían muchos lugares de interés que visitar… ¿Quién sabe? Tal vez, aquellos inoportunos oficiales me cayeron del cielo.

Mi memoria alberga que aquella tarde me disponía a volver por cuarta vez a Varadero. Cuando tienes la oportunidad de dormir en el jardín de un hotel de lujo, en una de las playas más conocidas del Caribe, no se desprecia.

El patrullero se detuvo a pocos pasos delante. Dos oficiales, uno delgado y otro no tanto, se acercaron directamente hacia mí. El flaco, también más joven, salvo por el uniforme, no se hubiese sabido que era policía. Amable y sonriente me interpeló.

Me creo inteligente porque siempre llevo mi DNI. Aquella tarde, entregar orondo mi Tarjeta de menor, fue fatal. ¿Eres de las Villas? ¿Qué haces solo por aquí? ¿A dónde vas? La ráfaga de preguntas no me amedrentó. Volví a emplear lo de “voy a casa de un amiguito en la cooperativa tal”. Sin embargo, estaba sentenciado.

El polizonte me preguntaba sin dejar de sonreír. ¿Acaso no me tomaban en serio? Se me hace tarde… Venga, sube al carro; fue la respuesta.

Salvo la ruptura inminente de mi hermoso recorrido, no podría quejarme de aquella despedida. Anoté otros paseos y no pocas conversaciones a mi viaje.

(Han sido los únicos policías amables que he visto en las calles de Cuba. Y, a diferencia de las pizzas y el fluctuante valor adquisitivo de la moneda, en esto, el cambio de fechas no ha surtido efecto.)

En la estación se burlaron de mí todo cuanto quisieron. No me molestó mucho, porque siempre he tenido, incluso desde niño, palabras para amordazar a los estúpidos y salir victorioso en cualquier conversación. Mi talón de Aquiles es la alegría. Sin ella, me desmorono; no pienso, no hablo… Y en esos pensamientos de derrota viajera me encontraba.

Por suerte, los que me detuvieron en la calle no quisieron soltarme. Era su trofeo. Y estaban dispuestos a aprovechar mi compañía aquella noche. Vienen a recogerte en la mañana, me dijo el flaco. Vamos, te quedas con nosotros.

Dios me regalaba un Tour gratis de despedida. Anduvimos toda la ciudad. Pareciera que no tenían mucho trabajo. Aunque si lo pienso, en ninguna de las noches que anduve por Cárdenas, presencié conflictos.

Visitamos instituciones nocturnas, panaderías, bares, hospitales, discotecas… Pareciera que aquellos hombres conocían a todos. Conversamos con muchachas, familiares, amigos. A todos les contaban la historia de su acompañante: un viajero insólito que aguardaba ser repatriado a la fuerza.

Retorno

No recuerdo bien, pero lo más probable es que no supiera volver a casa. A pesar de los años que han pasado, guardo la sensación de que no tenía los deseos de hacerlo. Espero que mi mami no esté leyendo este post. Por si acaso, me justifico. Lo que digo es que 15 días no eran suficientes para hacer brotar la nostalgia que te impela a regresar a una rutina sedentaria.

Bien entrada la mañana me recogieron unos oficiales vestidos de verde, en un coche de la policía, no patrullero y emprendimos el viaje de regreso.

Ahora mismo no logro recordar donde vivíamos exactamente. En casa me esperaba mi madre. Me parece que mis hermanos no estaban. Solo hago memoria de verla en la puerta cuando llegamos. Al parecer, ya me esperaba.

Renuncia. Es el único sabor que guardo del final de este viaje. Quien lee al gran Kafka, sabe de lo que hablo. Las cosas cambian. Los anhelos se convierten en rutinas cotidianas. Los sueños pasan desapercibidos. Las esperanzas las tejes en medio de una amalgama subdesarrollada que te exprime provocando una catarsis entre la alegría y el esternón.

Yo, como el viejo Santiago, aunque hayan pasado 84 jornadas sin pescar, espero mi viaje infinito. Sip. Continúo aguardando el momento, cada noche, de tomar mi mochila y partir; sin preguntas, sin pensamientos, sin regreso.

Adiós mi primer viaje Intercontinental

En realidad, este post lo he reconstruido con flashazos sensoriales. Algo es seguro, amigos, ha sido el viaje de mi vida. Muchos he realizado después, pero este journey, mientras no lleve a cabo uno continental, conservará el número uno.

Ahora tengo una niña de 6 años con quien disfruto caminar por la Habana, ir a la playa o emprender un viaje acelerado a Las Villas. No dejo de contarle anécdotas, hablarle del viaje que algún día emprenderemos juntos por Europa, en tren. (Por la abundancia del corazón habla la boca.)

Pero es que no experimenté nada mejor. No tengo, no hallo manera de ser más feliz que no sea mientras viajo. Es la complicidad de una ruta ajena pero a la que hago mía a cada paso. Es el arte de doblegar titanes. Tal vez seamos Alfas aclarándole a las circunstancias cada rol: quién es el viajero que manda, quién la calle que obedece.

O quizás sea lo contrario. Es vivir el perenne reto de la fe nómada. Representa el intento de estar a la altura. Medirnos con nuestro viaje, con lo que tenemos delante: una ciudad desconocida, un valle, una montaña, un tren, un episodio (hostil o no)…

Todo esto en la aventura del movimiento, sin perder el amor y la paz.

Un abrazo cariñoso de Tío Lucio, el viajero.

Ps: Les garantizo que el próximo post será más agradable.

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