Blog de Viajes Lucioviajero

Años dispares

Compartir es amor

De vez en cuando nos sucede que tenemos una racha de años similares, casi idénticos, 4, 5, 10 años sin que cambie un solo suspiro. Años en los que no pasa nada distinto, novedoso, brutal (ni para un lado, ni para el otro).

Pero existen otras primaveras que, por sus características son bien distintas a las demás. Les podemos colocar apodos, señalar en el mapa cronológico de nuestras vidas, hablar sobre ellas como únicas en nuestra historia…

Y de esto quiero escribirles algo, mis [email protected] No es una de esas reflexiones… No. He querido traerles hoy un Free Tour al interior de mi alma viajera. Y todo, como sospechan, sobre la fecha en que nos encontramos; lo que hemos vivido por estos días.

Año 2020

Por supuesto que salta a la vista que este año ha sido uno de esos bien distinto de los demás. Yo diría único. Una cuarentena catastrófica, unos temores circundantes (más infundados que reales), una sublevación de lo cotidiano, ausencia casi total de viajes y rutas, aumento de la frialdad humana, otro poco de hambre…

Sin embargo, a pesar de sus cualidades fatalistas, ha pasado sin mucho daño. Esto lo digo de forma estadística, numérica. Por supuesto que duele la pérdida de algunos seres queridos, de amigos, de vecinos. Pero, si dejamos de lado el miedo impuesto. Si calculamos fríamente los números, el porcentaje de muertes comparado con otras tantas pandemias… Vemos que la Covid-19 no es tan mala como la pintan.

Por favor, que nadie se sienta ofendido con mis pensamientos. Lo que quiero decir sobre esta pandemia es que, si miramos en la historia…

Veamos un humilde ejemplo comparativo. ¿A cuántos a matado el Coronavirus en todo el planeta? Recordemos cuántos murieron por la Influenza Española por aquellos días, SOLO en una región determinada. No digo más sobre daños.

La verdad que desde lejos las cosas pintan mejor. Pero, cuando analizo, no me preocupó tanto el 2020, como me preocupa ahora el 2021. Porque aquel fue el año de la pandemia. Sip. Pero y a este, ¿cómo le llamaremos? Porque todos tratamos de levantarnos, de continuar con las nuevas ideas, limitaciones, intentos de supervivencia… Sin embargo, no se logra revertir el prolongado descanso. No se tiene la certeza, ni imaginaria siquiera, de cómo continuaremos este año postcovid, de puertas que se cierran, abren, y vuelven a cerrar días más tarde.

OJO. Que no me refiero solo a la Corona del Virus.

Año 2021

En mi caso, este 2021 es ese año distinto. Al que las premoniciones –en el buen sentido de la palabra– le auguran los más importantes recuerdos de nuestra época. Quizás el 2020 se lleve un record por lo suyo, pero es este de hoy quien verdaderamente romperá el record Guinness de las edades. Al menos, se llevará la medalla de ser el año más diferente de todos. Yo lo pienso así, me lo quiero imaginar de esa forma. Luego, cerca de la noche vieja, volveremos a conversar sobre ello.

Podrá ser un año mucho mejor o peor, que el 2020, pero jamás, ni remotamente, similar a ningún otro en emociones.

Yo tengo sueños para este año. Anhelos que no solo poseo con el interés de ser feliz, disfrutar o darme otro nuevo gustazo. Son sueños que necesito; sueños en la distancia de una vida que se marcha, como todas, a cada instante. Me refiero a esta vida terrena.

Todo depende de Dios, el Todopoderoso. Él es quien dispone. Por mi parte, intentaré avanzar a través de esta nebulosa cristalina, de colores vivos que se asemeja a una vida normal, pero que no lo es. Si fuese gris ya sospecháramos de ella, en sus inicios. Pero su pintoresco machacar de especias disimula cuanto de ordinaria posee en los interiores de la cazuela que las brujas de Macbeth preparan con tanta sorna. De nada sirve atacar un enemigo si no le conoces, si no le tienes, al menos, declarado como tal.

Yo lo he hecho

Le he descubierto. He podido ver sobre los colores centelleantes de su camuflaje el alma gris de un nuevo recomienzo mentiroso, que no es más que la misma esencia de la ingravidez habanera, cubana, caribeña…

Para este 2021 quiero –sueño– comenzar mi viaje (retrasado) por el mundo. En el cambio de siglo tenía la idea, no me preguntes por qué, de hacerlo en el 2008. Hace mucho que pasó esa fecha y continúo varado en este infinito círculo dantesco.

Necesito soñar. ¡Pero hacerlo de verdad! Existen dos tipos de sueños: los que tienes toda la vida ligados a una arteria cerebral etérea, y los que surgen de imágenes superpuestas como consecuencia de experiencias consumadas. 

Los primeros, son la droga de los miserables. Ese chispear paleativo de las emociones adulteradas en la zozobra de lo cotidiano. Pero no un cotidiano cualquiera, sino el evento cíclico del fracaso.

El segundo, real y onírico, es el gozo de la plenitud de la autorealización y la suma constante de nuevas pinceladas sobre tu lienzo vanguardista.

Existe una tercera posibilidad: ser normal. Esos que viven felices, sin sueños que les fulguren en su mente. Amigos que son capaces de contentarse con lo que tienen si necesidad de buscar más allá de sus propias realidades diminutas. Les envidio. Pero, cada quien es cómo es.

Yo no soy así. Mi cerebro nunca se detiene. No deja espacio al silencio imaginativo. Aparecen de la nada, poseídas por el primer tipo de sueños, o nacen felices de las vivencias mágicas y seductoras de viajar. Y no me refiero solo a visitar grandes y lejanas ciudades, sino al cabalgar las alas de tus cavilaciones, aprovechar cada instante para viajar a la esquina de tu casa, a una mesa de dominó, al Capitolio, al teatro de títeres, a sentarte a la bahía, a visitar amigos, y, por qué no, si esta prolongada y supra presencial cuarentena lo permite, a visitar ciudades grandes y lejanas.

Despedida a lo Travel Blog

Por mi parte, me asemejo al viejo Santiago. No quiero decir, no me resigno a aceptar, que “estoy salao“; pero he pasado taaantos días sin pescar.

Aun así me mantengo con el sedal listo, yo listo, mi mochila lista, para cuando aparezca el gran pez. Mientras engullo la bilis en este post en el que te hago cómplice de mis anhelos y futuras alegrías (aunque ahora las vea a través de un cuadro de Turner).

Na shledanou!

Tío Lucio el viajero.

Ps: No existen bichos más fuertes que los Travel Bloggers. Continúo a la espera. Seremos felices donde quiera que vayamos. De eso tengo fe. De lo que no la tengo, es de encontrar la felicidad quieto, tan quieto como el ángel de Naborí en aquel féretro. Por cierto, cuando pienso que mi pequeña tiene ahora la misma edad, tiemblo.

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