San Diego Cuba Travel Blog

Los Baños de San Diego, donde el azufre engarza vidas

Amanecer al pie de las montañas

La mañana nublada huele a paraíso. El aire bien fresco y los arreboles, que se alzan electrificados por el naciente, auguran un maravilloso día. La lluvia en la noche disipó tantas dudas que hoy me siento genial: listo para recorrer todas las calles del mundo. Aunque acá debo decir los terraplenes del planeta…

Aspiro una fuerte bocanada. La hemos pasado bien entre los pinos grandes y esta hierba debajo de mi lecho que parece de jardín.

Llevamos acá solo un día. En medio de pinares exuberantes y bellos. Lo mejor que disfrutamos es la compañía, tanto de los amigos con quien he venido, como la hospitalidad de los lugareños. Parecen ser afables y cariñosos, como la mayoría de los cubanos.

Nunca había visto pinares tan grandes. Se te pierde la vista en la inmensidad. Todos los árboles de tan buena consistencia, robustos y saludables. Es difícil, con el uso excesivo de los recursos madereros encontrar un bosque tan saludable.

Liz abrazó una de aquellas coníferas como quien se despide de otro amigo entrañable. Newton, con su mirada filosófica se pierde en cavilaciones metafísicas. Absorto, parsimonioso, se arregla sus cabellos largos y comienza a hablar de la vida natural y su búsqueda del equilibrio. Si quieres conversar por mucho rato, aprovéchalo. Te lo defino en dos palabras: habla mucho.

Árbol, nos vemos en otro momento. Así me despedí cuando nos disponíamos a bajar la colina hacia la ciudad de San Diego. La nostalgia de tener que abandonar algo antes de tiempo, no me deja claro los pensamientos. Lo seguro eran las obligaciones laborales imponiendo su agenda.

Bermejales

Bermejales es un lugar apartado, pero no inaccesible en las cercanías de San Diego (Pinar del Río). Como tiene una comunidad de unas diez casas un camino limpio te lleva hasta él. En medio de la comunidad hay un centro meteorológico donde recogen las precipitaciones de esta región.

Las atracciones más hermosas del lugar se basan en la Flora y la Fauna de esta reserva. Otra de las tantas maravillas es el Río San Diego. Uno de los más importantes de la zona. Sin embargo, a pesar de la fuerza, del vigor con que se abalanzan las corrientes de agua desde las montañas, ha menguado mucho en los últimos años. Tanto es así, que los balnearios de San Diego han desaparecido.

El río ha bajado su nivel de forma considerable, pero creo que la culpa no es solo de él. El peor enemigo de todos nuestros tesoros es la indiferencia. Con ella destrozamos a dos manos, denigramos, abandonamos buenas costumbres, dejamos de lado nuestros roles de seres humanos, para convertirnos en bestias egoístas y temerarias.

La instalación, antaño famosa, ahora es un lugar yermo, cubierto de ruinas y tristezas. Aun así el río continúa estando en su cauce. Describiendo un recorrido sinuoso, como todo río de montaña. Pero no es su forma la que le hace famoso. Son sus aguas cargadas de enormes cantidades de azufre, las que te impiden despreciarlo.

Excursión

Hagamos un flashback. Hemos venido desde la Habana. Somos tres: Liz, Newton y yo. Hemos huido por un rato de las aglomeraciones de la ciudad. Ellos tenían esta deuda en sus viajes y la cumplimos. Ahora, yo la tengo en volver a estas tierras lindas.

Los pinos crecen majestuosos. Sin embargo, el terreno es duro, áspero, rocoso. En otros territorios donde el terreno es similar, las plantas crecen a imagen del suelo, de fuerte madera pero tamaño reducido y hasta se retuercen por la fuerza descomunal que tienen que hacer sus raíces para penetrar la piedra. Siempre me he preguntado cómo logran penetrar estos colosos sus “suaves” raíces en las rocas.

Acá no sucede así. Estas plantas crecen alegres, estiradas. Esa alegría es contagiosa, magnífica, el entorno agradable y, como les dije, el río es genial.

Liz y Newton

Estos amigos del alma los encontré, para mi dicha, en los años de la CUJAE; mientras trabajamos juntos en la Facultad de Informática (2006-2008, no recuerdo bien).

Nos unen varias razones de peso: el pasado entorno laboral, los gustos, el amor por la naturaleza, el placer de acampar, el respeto por la vida, los estudios, y más hilarante, el PARAPENTE. Pues compartimos el hobbit de volar; a pesar de que ya no vuelo. Al menos, no por ahora.

¿Por qué les hablo de ellos de manera especial? El problema es que este viaje es de ellos. Sin saberlo era partícipe de una felicidad que explotaría en medio de aquella selva tropical.

Cupido, y sus flechas de azufre

¡Venga! Continúo hablando de Liz y Newton. Y es que estoy feliz, muy feliz de las desgracias que nos suceden y que, a pesar de las contradicciones que puedan ocasionar, siempre surgen para bien.

No creo en el azar. Las desgracias son como los Seguros Médicos, al inicio los ves como un malgasto, pero luego, cuando sientes el provecho real para el que fueron ideados te sientes completo, realizado.

Lo mismo sucedió en este viaje.

Las lluvias torrenciales de San Diego

La mañana será maravillosa y limpia, pero esta noche parece que va a llover. Estamos acampados en las inmediaciones de uno de los registros hídrico-meteorológicos de Bermejales. Pareciera que por esta zona lluviera mucho, cuando le prestan tanta atención a la recogida de datos meteorológicos por estos parajes.

Nos encontramos en la Sierra del Rosario, Reserva Natural de la Biosfera y una de las más importantes del Caribe.

La verdad es que Pinar del Río es una provincia cubana privilegiada por los ecosistemas que puedes encontrar por acá. Desde el Cabo de San Antonio, con su faro Roncali, hasta la Comunidad Las terrazas, Los Baños de San Diego, El Orquideario de Soroa, Los Baños de San Juan, Las Ruinas de los Cafetales franceses, el Salto de Soroa… Y una ciudad capital hermosa del mismo nombre.

No me salvé de su reputación. La única noche que dormimos en este viaje me jugó un chiste a la española. Acomodamos las dos tiendas de campaña de ellos y yo improvisé un no-campamento al aire libre. Pues no había traído tienda.

El clima es encantador, fresco, agradable, húmedo, sombreado, qué más pedir. Solo veníamos por esta noche de sábado para no llegar tarde a nuestro trabajo el lunes en la mañana.

Parece que el efecto de las savias de aquellos árboles, el azufre del río y la frialdad de la noche templaron un amor que bullía en los interiores de Cupido. ¡Qué lindo! Lo mejor de todo se basa en los rápidos efectos del Medio ambiente, porque bastó aquel pequeño viaje para que se unieran dos almas gemelas en completo matrimonio.

Si estás pensando en casarte, ya sabes; mi recomendación: Bermejales, en San Diego.

Peeero… Lo doloroso me tocó a mí. Casi a mediados de la noche, cuando acabábamos de acostarnos, llegó un torrencial aguacero que duró el resto de la penumbra. Es cierto que la mañana despertó bella. Sin embargo tuve que correr y dormir con un frío que calaba los huesos.

Liz y Newton estaban felices en sus tiendas individuales. Y, he aquí el milagro de la lluvia, como buenos amigos que son me ofrecieron una tienda para que me resguardara. La lluvia fue tan grande que no sirvió del todo aquel refugio, pues penetró por arriba, por abajo, por los tuétanos. Parecía un pollito mojado intentando dormir en medio del agua. En ese momento me hubiese sido mejor que el proverbio versara sobre un patito mojado…

Me sentí como los muñequitos checos “…A je to” que lo hacen todo mal, pero que terminan siendo muy felices con sus desastres. A pesar de la noche tétrica, en la mañana me encontré con un suceso inesperado. ¿Cómo imaginarme que estos dos locos estaban noviando desde hacía tiempo? Lo que sí es seguro: no querían ni salir de su tienda en la mañana. Claro, el amanecer es más fuerte que cualquier expresión de amor, y nosotros le disfrutamos como si fuese el único.

A decir verdad, era el primero. Síp. El primer amanecer de los tortolitos.

Si alguno de ustedes quiere saber sobre ellos en la actualidad. Viven felices en Altahabana, disfrutándose uno al otro en compañía matrimonial y hogareña.

Despedida

Cuando pude mover los huesos (sobre las 10 de la mañana), volvimos a San Diego y tomamos la guagua de regreso a la ciudad de La Habana. Este recorrido fue corto y un poco tortuoso, JAJA! Pero no dejo de pensar en Liz y Newton en todos estos años y del privilegio que Dios me regaló de haber compartido y estar con ellos en el primero de sus amaneceres juntos. Así que, familia, soy el casamentero. Si quieren mis servicios deja tus comentarios.

¡ JAJAJA!

¿A que siempre se cumplen los finales felices en nuestros viajes?

Abrazos desde el archipiélago cubano.

Tío Lucio el viajero.

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