Niños en escuela primaria

Viaje al interior de un aula

Compartir es amor

Les describo el inicio de un viaje, esta vez, al interior de un aula. Supongo que luego deba actualizar este post con sucesivas experiencias; pero aquí les va el inicio. El momento en que una niña se sienta en su aula totalmente nueva. Además, he querido escribirles sobre los preparativos de la mochila emocional que necesitará para emprender este recorrido. En este caso, los padres somos similares a Tour-operadores guiándoles hacia un destino feliz, abarcador; donde puedan llenar a plenitud todas sus expectativas de viajeros escolares.

Recomienzo

Hoy, 7 de diciembre de 2020, ha comenzado el nuevo curso en la Habana. Es un año raro. Esta inmensa y prolongada cuarentena ha socavado algunos estandartes que se tenían por costumbre, como hegemónicos. Esta vez, todo amenaza ser diferente, al menos, desde lo externo.

Y qué es la vida sino un constante recomienzo del largo viaje hacia la eternidad. En mi caso, estoy emocionado con este recomienzo. Sasha matricula el quinto y Lucía el primer grado.

Cuando comienza un curso escolar y las aulas se llenan de niñ@s hilarantes, el papel de un padre es estar al lado de cada uno de ell@s.

Por otro lado, uno se desvive por estar hombro con hombro y si te das cuenta, acaso te necesiten menos de lo que en verdad uno piensa. Y eso es maravilloso, reconfortante. Aunque también te hace pasar el ridículo, en algunos casos, jajaja. Por mi parte estoy bien con eso de aceptar sus habilidades de protagonistas en sus acciones individuales.

Nuestra “bebe” corrió a su aula y se sentó con la familiaridad de quien conoce aquel lugar de toda la vida. Así es ella, confiada, extrovertida y, esto es hereditario, con la alegría que amerita este espacio cargado de nuevos amigos con quienes jugar y compartir, y conversar. Porque es cierto que no se calla ni un segundo. Tiene una frecuencia cíclica de disparo insuperable. Aquí la tienes, husmeando los alrededores de este nuevo bosque de emociones.

Ya se olvidó de su papi y busca por los alrededores…

Lucía ha crecido tanto en esta cuarentena. No le sirve nada del vestuario del Baile Español. Supongo que todos los niños lo han hecho. Es que ha sido tan largo el descanso que hasta muchachas que dejamos de ver en marzo, sin darnos cuenta de que estaban embarazadas, ahora cargan un bebito en sus brazos. Así es de alegre el don de la vida. Pensar que existen cobardes que asesinan niños en el vientre materno…, y se atreven a hablar mal de Hittler…, quien, puede decirse, no hizo nada comparándole con estos.

No sé si te has dado cuenta de tu niño o niña, pero de las mías, lo que más les crece es el cerebro. Es maravilloso ver cuánto desarrollan cada día. La maduración de sus expresiones cotidianas; el cambio de elementos, las diferentes maneras en que van ajustando sus enfoques; la permanente comparación que se autoimponen… «Papi, ¿esto lo hice cuando tenía… cuatro, verdad?» Me dice burlándose de sus tareas anteriores.

Haciendo la Mochila

El aula la pintamos el viernes pasado una mamá, su amigo y yo. Doy gracias a Dios por haberme permitido estar, como siempre, en los preparativos del centro de estudio donde Lucía se encuentra. Con Sasha no he podido.

Llegar a un aula es un viaje familiar e, incluso, puede que para algunos sea a veces tortuoso. Detrás de ese uniforme están las manos que lo ajustaron a su cuerpo de niña feliz. Una mochila, un gesto, un beso, pedir prestado, confiar en amigos, reajustar vidas y presupuestos, una expresión de seguridad, un sosiego infantil, elaborar juntos un silabario, sacarle la punta al lápiz…

Equipaje para el viaje
Espero que este equipaje le sirva

Puede que algunas de estas acciones parezcan nimias, pero lo importante no es sobreproteger, sino elaborar JUNTOS los preparativos para su nuevo viaje. Soy de los que apoyan la libertad y el emprendimiento personal. Que las niñas y los niños sean capaces de realizar todas sus acciones con la menor intervención posible de ayuda; aunque el margen de equívocos sea mayor. El secreto de su felicidad radica en la conversación.

Aborrezco los padres y madres ególatras administrativos que tienen que ser los protagonistas de la vida de sus hijos. ¡Ja! Ridículo, ¿verdad? Son individuos frustrados que necesitan vivir más sus miserables vidas y para ello las reproducen en sus descendientes. No saben realmente la esencia del amor paterno: educar, compartir, apoyar, servir en la vida de sus hij@s. Como también está el otro extremo de los fantasmas que obligan a infantes realizar roles de una vida atrofiada. Y no hablo de la pobreza y la necesidad de muchos niños al trabajo. Esto, acaso sea lo menos dañino. Hablo de quehaceres adultos familiares impuestos a los niños que tienen que ser “así“, o a las niñas que tienen que hacer ”aquello“; donde no es más que el solapamiento de la mediocridad.

Muchos padres tristes le heredan a sus hijos lo que les impusieron sus progenitores mediocres (aquí no puedo usar sinónimo semánticamente útil). ¿Qué tipo de mami o papi eres tú? Espero seas de los que sabes mirar a sus hijos con el respeto que se merecen por ser personas; pequeñitas, pero con identidad propia. Recuerda que son tu familia, no tu experimento; el mayor regalo físico que Dios te ha dado en esta tierra.

Empacamos con modestia todo lo necesario para este nuevo viaje: cualquier cosa, eventos, recursos… Que sea un paseo estático dentro del espacio reducido de un aula, no le limita a grandes recorridos emocionales.

Al recogerla en su primer descenso de este tren le pregunté: –¿Qué te pareció la nueva escuela? Con su peculiar mezcla de gritos estridentes y sonrisas, me respondió: –¡Está genial!

Satisfecho

Para ello le ayudamos a tener lista su mochila, donde metimos, disimuladamente, nuestros corazones.

Nos vemos en la próxima estación.

Tío Lucio el viajero.

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